La suerte, ¿Existe tal cosa? (Y que suenen los tambores de Laritza Bacallao)

El problema es que la “suerte” no siempre te “bendice” o te va necesariamente bien si crees o confías en muchos eventos de tu vida suceden solo por “suerte”.

En el esquema mayor, Dios tiene el control, sin embargo yo decido si me ajusto el cinturón de seguridad en el auto. Dios no lo decide por mí.

Pero si algo pasa, un accidente, por ejemplo, y salgo golpeado, muchos dirán, que mala suerte, otros dirán, “fue la voluntad de Dios”, o “Dios lo permitió”.

Claro, Dios permite esas barbaridades que hacemos los humanos porque El está esperando nuestro arrepentimiento, pero no porque él quiera que nos pasen cosas malas, ni porque la suerte lo decida.

Espero no enredarte con conceptos innecesarios en realidad.

Enfoquémonos en buscar a Dios y confiar en su palabra  y no en estarle buscando cuatro pies al gato…. o ¿Como dice el dicho?

El punto es que si aprendemos a depender más de Dios que de nuestra “suerte”, nos va a ir bien. ¿Porque? Porque si dependemos de Dios, buscaremos su presencia y su palabra. Será el deseo de nuestro corazón apegarnos a sus mandatos, trataremos de agradarlo, aunque él ve más bien la actitud de nuestro corazón, y no tanto si sacamos 10 en el examen.

Pero si nos vamos apegando a su palabra, empezaremos a tomar mejores decisiones  y no dejaremos las cosas a la buena o mala suerte.

Hazte a ti mismo una prueba.  Y esta es, sencilla: Si estas molesto y enojado por lo que estás leyendo,  posiblemente sea porque lo que se escribe no va de acuerdo a lo que tú has aprendido. Pero no significa que tengas razón. Un verdadero hombre, y una verdadera mujer de Dios, saben reconocer cuando se han equivocado. Mas los necios y obstinados siguen adelante con su obstinación.

Tu podrás bailarle a la suerte todo lo que quieras, pero ciertamente estas confiando en algo vano, y más que nada, en un producto de tu fértil imaginación.

¿Quieres seguir creyendo en la suerte? pues ve a que te toquen los tambores, escucha la canción de Laritza Bacallao, buena amiga por cierto:

Por eso dale mueve, mueve las caderas 
vamos a gozar la vida y lo que la suerte llega 
por eso dale mueve, sacude los temores 
no te quejes tanto y no me llore 
y para que vengan tiempos mejores 

Que suenen suenen suenen los tambores oye!! 
que cuando suenen se curen el alma y los corazones 
que suenen suenen suenen los tambores oye!! 
ay que traigan alegría y se lleven los dolores 

Pero hermana Laritza, los niños no nacen sanos tocando los tambores, ni nuestra madrecita vivirá por largos años. Si ya se que es solo una canción y se trata de divertirse. Pero créeme Laritza, muchas personas se lo toman en serio y ahí andan dale que dale mueve que mueve la cadera para conseguir trabajo y cuando les da un dolor en vez de ir al doctor, tu ya sabes. dale que dale y mueve la cadera.

Los tambores ciertamente alegran con su ritmo y nos dan distracción y algo de ejercicio, pero de eso a que tengan un efecto en la vida de una familia y un pueblo, o que sean más poderosos que la palabra de Dios, no amiga, no.

Por eso estamos como estamos.

El pueblo lleno de supersticiones, dejando todo a la suerte, a los tambores, a mover la cadera, a las cartas, al tarot, a los casinos… Ser feliz, festivo, no es malo. Dejar tu futuro al ocultismo es abominación ante Dios.

Pero, ¿y las buenas decisiones, las relaciones sanas, el perdón, el ir a la iglesia, la fidelidad, el no calumniar, en donde queda todo eso?

Es bonito gozarse  estar de fiesta tocando tambores. La música forma parte del espíritu humano, sea cual sea el ritmo, aunque a mí no me gusten los tambores de Laritza, ciertamente son musicalmente pegajosos.

Gózate, alégrate, pero también cerraré este discurso con el versículo: Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento (Eclesiastes 12:1)

…Y ni los tambores de Laritza,  te librarán de ese día.

La palabra “suerte” en su traducción original está relacionada con el destino como predeterminado por una deidad o fuerza, lo que podríamos llamar providencia.

Hoy en día, la suerte se refiere más a menudo a un evento que está fuera del control de los involucrados y tiene repercusiones significativas, ya sean buenas o malas.

La palabra “suerte” no es una palabra inherentemente ofensiva. Pero hay buenas razones por las que no deberíamos usarla.

1. La suerte deja a Dios fuera de la ecuación.

La suerte es una forma de tratar de explicar las cosas sin incluir a Dios en la discusión. Estas dos no se usan en la misma oración.

Cuando algo inesperadamente bueno le sucede a una persona, la gente dice: “¡Es tan afortunado!” en lugar de “¡Dios fue bueno con él!” o “Dios te hizo afortunado”. Dios y la suerte no van juntos.

2. No hay tal cosa como la suerte.

El diccionario define la suerte como “las cosas que le pasan a una persona por casualidad: la forma accidental en que suceden las cosas sin planificación”. ¿Qué es el azar? Es algo que ocurre por accidente o sin diseño.

Si hay algo que se llama azar, que no está controlado por Dios y que hace que las cosas sucedan, entonces el azar también debe ser un dios. No, no existe el azar o la suerte.

3. La suerte es un ídolo.

Un ídolo es algo a lo que uno recurre en vez de a Dios, y no significa necesariamente una estatua. Puede ser un hábito, una costumbre, una persona, una religión. En todo el mundo las personas tienen ídolos hechos con sus manos a los que adoran. Les rezan y creen que al quemarles incienso cosas buenas sucederán. Pero también tienen líderes, pastores, profetas a quienes consideran perfectos y ante quienes someten su vida de tal manera que se convierten en ídolo, en adoración al hombre. Hazte esta prueba, contradice a tu líder, ya sea de iglesia, político, o una persona que admiras. Contradícela, dile que no estás de acuerdo con lo que hace, pregúntale cuanto gana por hacer lo que hace, dile que te cuente cuáles son sus pecados ocultos, porque todos los tenemos…. ah no, pero tú dirás, no todos, mi lidercito, mi pastorcito es perfecto…y esto también es idolatría.

No olvidemos que el nuevo testamento extiende el concepto de idolatría a todas las  cosas materiales o humanas a la cual nos aferramos y ponemos en primer lugar antes que a Dios  y no se limita a entregarle tu corazón a “estatuas”.

La avaricia por ejemplo, y la avaricia viene por el amor al dinero,  y hoy en día, aunque te duela creerlo, muchos quieren a fuerza ser pastores o líderes religiosos, no solo por el dinero, porque la verdad a veces ni dinero deja, pero más bien por la sensación de poder, de control sobre la gente, y aquellos más astutos, por el control emocional, físico y sexual que pueden ejercer sobre esos pobres espíritus que le creen todo a cualquiera que se auto nombra pastor en las redes sociales o donde sea. Y si te estás sometiendo a uno de estos, seas de la iglesia que seas,  tu estás practicando idolatría…

El problema de el concepto extendido de idolatria en el nuevo testamento, es que, practicamente llama idolatras aquellos quienes hoy en dia proclaman practicar una sana doctrina, y en realidad han caido en ceguera espiritual y en, idolatria. Tan solo el hecho de que una persona se atreva llamar idolatra a otra, ya la primera cayó en un pecado similar. Si tu que estas leyendo crees que no eres idolatra, perdoname, pero ya caiste en el juego del diablo,  y puedes ver la paja en el ojo ajeno, pero no puedes ver la viga en tu ojo. Tu eres tan pecador como cualquiera a quien tu llames pecador, o idolatra. Claro, tu orgullo e insolencia no te dejarán ver la viga en tu ojo,  y ahi ya agregamos otro pecado a tu lista… a nuestra lista…soy igual de pecador que tu.

El problema de decir “buena suerte”.

¿A qué te refieres cuando dices “Buena suerte”? Estás diciendo: “Espero que los eventos casuales al azar que están fuera del control de todos, incluido el de Dios, salgan a tu favor”.

La suerte no es real, Dios es real. Honremos a Dios con nuestras palabras y en lugar de decir “buena suerte”, digamos: “Que Dios te bendiga” o “espero que todo vaya bien para ti”. Ambos honrarán a Dios. Decir “Buena suerte” no lo hará.