Hijita mia, hijo de mi corazón

Hijita mía, hijo de mi corazón, quiero que te calmes y dejes de pensar, de preocuparte, de darle vuelta a los mismos problemas en tu mente, una y otra vez. Entrégame esas cargas a mí, no te hundas más en el desaliento.

Mientras te tomo en mis brazos y te bendigo con mi paz, abre tus ojos y mira el camino que tienes por delante. No te aflijas, no tienes que desesperarte, las cosas que yo he permitido sucederán, no las perderás, no te las robarán, nadie tiene la autoridad para quitarte las bendiciones que te doy, nadie podrá sacarte de la senda por la que hoy te envío.

Sé que has estado triste, por eso viniste hoy conmigo. Usa tu fe y cree en todo lo que te digo, mi palabra ya está escrita, todas mis promesas están al alcance de tus manos, léelas con confianza y cree con toda tu alma. Verás como la tristeza huye, como la depresión desaparece y como todos tus enemigos se destruyen a sí mismos cuando tratan de lastimarte.

Las pruebas que te desaniman son a veces demasiado duras, pero yo te estoy dando la fuerza para que puedas vencer y tu corazón se llene de ánimo y alegría. Ya no pasarás más noches en vela con tu alma adolorida, cuando las preocupaciones vengan, acuérdate de esta palabra y con toda la fe que tienes aférrate a la vida. Hoy es el día, trajiste a mi tus oraciones, yo mismo te respondo. Te estoy haciendo que camines sobre las aguas, que atravieses con tu frente en alto todas las tempestades, no te hundirás hijito, hijita, aunque los vientos te empujen y las olas se muevan furiosas debajo de tus pies. Piensa en esos momentos cuánto me amas, acuérdate de tu fe, piensa en todas las veces que clamaste a mí y yo mismo te vine a responder y te saqué de tantas cosas, te libré de tantos enemigos. Piensa en eso y ahora que tu corazón esté tranquilo, sabiendo cuánto te amo y que siempre estoy contigo.

Amén