Venciendo la depresión y la tristeza en tiempos de prueba

Todos en este mundo estamos conscientes de la transformación espiritual, social y cultural tan dramática y apabullante que ha surgido como resultado de la amenaza del COVID-19.

Aunque oramos y confiamos en Dios, en que ya pronto terminará este devastador conflicto, es probable que muchos hayamos experimentado cambios radicales, permanentes y en muchos sentidos, obviamente, nunca volveremos a ser los mismos de antes.

A medida que los peligros y efectos en la sociedad del COVID-19 se han vuelto cada vez más evidentes, el aislamiento social se ha convertido en la principal estrategia para combatir la propagación de la enfermedad.

Cuando el distanciamiento social y las cuarentenas comenzaron, pocas personas podrían haber previsto lo desafiante que sería la vida en este nuevo panorama que nos empuja al encierro, la soledad y vivir con el miedo de enfermarse y que nuestros seres queridos también puedan enfermarse o morir.

Tiempos de reflexión

Es seguro decir que la mayoría de nosotros no sabíamos cuánto realmente necesitamos, dependemos, nos desarrollamos y prosperamos con las relaciones sociales y familiares que experimentamos a diario. Infinidad de veces hemos escuchado que algo no se pierde hasta que finaliza, y, ahora, unos meses después de experimentar varias etapas de confinamiento, muchos de nosotros estamos comenzando a sentir los efectos adversos de vivir como si estuviéramos aislados en una isla remota y solitaria.

Pero este tiempo de pandemia también ha generado una necesidad de reflexionar sobre muchas cosas, en especial sobre la idea que tenemos de comunidad y de relaciones.

Normalmente las personas que se sienten solas y padecen de depresión, casi siempre carecen de amigos, relaciones profundas o lazos comunales cercanos.

Dios es un Dios de orden

Desde los primeros relatos de la creación, el Creador estableció Su orden relacional ideal cuando creó a la primera mujer y se la presentó a Adán. La razón fundamental de Dios para Su decisión de crear este vínculo particular entre hombres y mujeres fue simplemente la manifestada en Génesis 2:18 “Y dijo Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él”

No pasemos por alto el hecho obvio de que Adán no estaba solo en el sentido más estricto porque estaba en relación con el Creador mismo. ¿Había alguna necesidad que tenía Adán que Dios no podía satisfacer?

¡La respuesta debe ser enfáticamente, no! De hecho, todo lo contrario. Debido a que Dios es pleno y suficiente para satisfacer todas las necesidades que tiene el hombre, él es libre de satisfacer esas necesidades de la forma que elija. Las relaciones con los demás son sólo una de las formas en las que Dios quiere compartir Su propia presencia con nosotros.

No podemos perder las esperanzas

A pesar del distanciamiento físico y social que se nos requiere en tiempos de pandemia, tenemos que seguir buscando la manera prudente de continuar nuestra relación con otras personas, familia, amigos, hermanos en Cristo. Ya sea en línea, por mensajes de texto, llamadas en vivo, etc. ¡Nos necesitamos! No podemos permitir que el alejamiento derribe lo que ya teníamos logrado.

Las relaciones que disfrutamos no son experiencias separadas o en lugar de Dios. En cambio, estas relaciones están diseñadas para que podamos conocer y experimentar a Dios más gloriosamente a través de la vida con otros. Adán y Eva, así como nosotros, fueron creados para funcionar de manera óptima en unión y comunidad, como resultado, conocer más a Dios y acercarse cada vez más a Él.

Olvidémonos del YO

Debido a la maldición del pecado, la humanidad se ha tragado la mentira del enemigo de que las necesidades y los deseos de un individuo son más importantes que los de nuestra esfera comunitaria.

Desafortunadamente, por causa del pecado, en el diseño ideal de Dios para la creación, dolorosamente no todas nuestras relaciones funcionan de una manera que resulte en la manifestación del amor de Dios.

Por lo general, todos tenemos el impulso innato de cuidarnos, protegernos y satisfacernos a toda costa. Nuestra cultura nos enseña que tenemos que cuidarnos los unos a los otros, especialmente cuando se trata de nuestros seres queridos, sin embargo, muchos son afectados por egocentrismo, y buscan cuidarse primero a sí mismos, sin importar descuidar a otros o ponerlos en riesgo.

“Ámense los unos a los otros con amor fraternal, respetándose y honrándose mutuamente”. Romanos 12:10.

La Biblia nos lleva a reflexionar y pensar en vivir de manera diferente. En Romanos 12:10, Pablo nos instruye a preferirnos unos a otros sobre nuestras propias necesidades o deseos.

La vida sigue, aunque sea virtual

Es por eso por lo que la vida social, aunque en estos días sea “en línea”, sigue siendo tan importante, ya que el relacionarnos con otros nos forzamos a practicar los mandatos divinos.

La mayoría de nosotros vivimos como si no necesitáramos a nadie, y, ciertamente, no vivimos como si creyéramos que los demás nos necesitan. Si eres una de estas personas, tienes que meditar en lo que la Biblia nos enseña. Además, por tu propio bien espiritual, debes de tomar la decisión de cambiar tu forma de actuar y de pensar.

Por eso, tenemos que entender que, aunque las relaciones en la comunidad importen cada vez menos para algunos, quizás también por la actual situación de pandemia debemos trabajar en nutrir e impulsar las relaciones comunitarias, ya que estas se necesitan cada vez más, en especial en el mundo post-pandemia que está surgiendo actualmente.

Muy pronto, el aislamiento social forzado por la situación que estamos viviendo, la soledad y un estilo de vida anti-social hará estragos en la vida espiritual y mental de muchos. Le pido a Dios que tú no seas uno de ellos.