Cuánto amo ver tu carita cuando te levantas

Cuánto amo ver tu carita cuando te levantas,

tu miras el rostro de un adulto endurecido,

yo veo el reflejo inocente de un niño…

Si tú te vieras como te veo yo,

podrías desplegar tus alas que te elevarían al viento,

te llevarían a pasear en las alturas

que te harían desafiar al mundo,

a la adversidad, al tiempo.

Si mirarás más allá de lo que ves en tu espejo,

podrías sentir a ese lindo pequeñito

con su curiosidad viva, su corazón limpio,

su capacidad de imaginar un mundo bello.

¡Oh! Si tú escucharas como yo escucho tu sonrisa,

que aunque a veces la ocultas,

su melodía es tan bella y suave

que en todo momento mis oídos acaricia.

Te oigo reír cuando estás bien,

y oigo tu risa cuando las cosas te van mal.

Risa de confianza, risa de alegría;

música que estremece al cielo,

ritmo que contagia al universo;

Porque en realidad, tú eres feliz.

Si tan solo vieras lo que yo puedo ver,

verías más allá del negro velo con el

que el mundo ha intentado aniquilar,

los planes gloriosos que he trazado para ti.

Si tan solo miraras lo que en ti puedo mirar,

te arrancarías de una vez por todas,

 

el peso de la culpa y el dolor

porque no los tienes que cargar:

Jamás te los he dado yo.

Y si tan solo creyeras, lo que de ti creo yo:

Que eres capaz de lo más bello, lo más grande

y de crear maravillosas obras, ríos de bendición.

Hijito, abre tus ojos, créeme cuando te lo digo,

ya no te mires como te obliga a verte el mundo.

Ya no castigues tu alma como si para ti no hubiese amor,

este amor es tuyo. El amor eterno de tu Padre, Dios omnipotente,

amor de fuego que consume tú pasado: Lento para la ira,

y para ti, amor infinitamente grande en misericordia.

Ven y mírate en este espejo de mi palabra eterna,

ven y mira lo que estoy mirando yo,

contempla conmigo a ese pequeñito

porque yo te estoy mirando a ti,

mi pequeño hijo.

AMÉN


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