Dame tus pensamientos

Dame tus pensamientos, dame tu corazón, pon ahora mismo aquí en mis manos esas preocupaciones que están destruyendo tu fe, tus sueños, entrégame esas inquietudes que están haciendo que dudes de mi amor.

No tienes por qué atravesar por esas tormentas que empiezan en tu mente. No permitas más que los vientos de la desesperación te arrastren por las calles del dolor.

¿A quién le harás más caso? ¿A los gritos del abatimiento, a las mentiras del fracaso, o al cariño con el cual te habla mi voz?

No tienes por qué arrastrarte en desconsuelo cuando yo te he comprobado tantas veces que, si crees en mi palabra, abriré de par en par para ti las puertas de los cielos.

Eres mío y los míos no vivirán en oscuridad, mi Espíritu te acompaña, te consuela en donde quiera que estés, a cualquier lugar que vas.

No es casualidad que estés escuchando esto. He mirado cómo los conflictos de esta vida te han marcado, cómo te han herido tus enemigos en el pasado y que por lo mismo aún sigues sufriendo.

Pero aquí he venido, si me aceptas ahora, a sacarte de esa agonía, a protegerte con mis alas y a cubrirte con mi sombra.

Quiero que me escuches bien, que lo leas, que me pongas atención, que me creas: Yo no quiero que sufras más, lo que estás viviendo no es causa, ni de mi enojo, ni de mi castigo.

Te amo mucho, eternamente, que quede claro, que vengo a levantarte definitivamente, a sanarte de tu desesperación y a sacarte del fracaso.

Tienes que ponerte de pie, caminar hacia tu bendición, aunque aún te sientas cansado, aunque tu corazón aún esté lastimado y sientas dolor, tienes que dar unos pasos de fe.  Créeme otra vez que, recibirás sanidad milagrosa en el momento en que te decidas a creerme, en cada paso que des recibirás fortaleza, sanarás completamente.  Levántate ahora mismo que tu vida cambiará muy pronto, mañana todo será diferente. ¿Sabes por qué? Porque yo te amo. Amén.