En Apuros, Pero No Desesperados: Yo confío

En apuros pero no desesperados

 

Cuando estás bajo una aflicción, traes una sensación implacable de miseria, de angustia. Es una desesperación que te quita la paz. No deseamos que ningún miedo, pequeño y efímero, se convierta en una circunstancia irreversible y constante que mate nuestras ganas de vivir. No lo podemos permitir.

Una dolencia puede dañarnos, pero si la dejamos. Si lo permitimos, cualquier aflicción podría destruir nuestra vida entera. Sabes qué es lo que nos santifica y nos protege contra la presión corrosiva de cualquier dolencia: es la presencia de Dios en nuestras vidas.

Así es, Su presencia determina si la aflicción se desvanecerá o nos arruinará la vida. El poder de Dios obrando en nosotros es que nos dice claramente, si el escenario en el que nos encontramos, buscado o no. Es decir, sea nuestra culpa o no…, no pasará de ser un simple problema, si confiamos en Él.

Sin Dios en nuestros corazones, cualquier tipo de condición nos puede llevar al caos y también a la muerte.

Tener a Dios en nuestras vidas, lo cambia todo. Podemos ser perseguidos, pero ciertamente nunca nos sentiremos abandonados; seremos golpeados por situaciones injustas que parecen que no se resolverán, sin embargo, aferrándonos a su amor y perdón, nunca jamás seremos derribados.

Creo que estas palabras son ciertas y les diré por qué. Cuando llegas a conocer a Dios, inmediatamente te das cuenta de que algo más grande y extraordinario que tú tienes el control de tu vida, de tu futuro y tu camino.

(VER Romanos 8:31)

Si reconoces que te han golpeado, y estos golpes te hacen daño, te duelen… No sientas culpa por «sentirse afligido». ¡Yo sé que duele!

Eres humano, Su creación de carne y hueso, y así como le toma tiempo a un competidor alcanzar la madurez suficiente para poder enfrentarse a oponentes reales, y, por lo tanto, estar listo para obtener el galardón por el que ha trabajado tan duro…

Llegará el momento en que tu relación con Dios será tan intensa que, ningún ataque del diablo tendrá el poder de afligirte, ya sea usando el miedo o la frustración y el desánimo. Mucho menos tendrá el poder de hundirte en una depresión.

Pero ¿durante cuánto tiempo? Cuanto antes decidas confiar en Su Palabra, mejor. Cuando comprendes que existe un oponente real, que te ataca y quiere verte derribado, recuerda que tu fortaleza está en la palabra de Dios.

Nosotros NO confiamos en las emociones y sentimientos, confiamos en su palabra, y si su palabra dice: «No te deprimas, no estás derribado». Tenemos que creerlo.

Si estás abierto a la presencia de Dios, lo más probable es que ahora sepas que Él te dará la fuerza. Esto puede llenarte de alegría para seguir adelante a pesar de las adversidades. Créeme, no hay palabras, no hay acciones, ni frases, ni oraciones, rimas, nada tiene el poder o la «llave» para abrir la puerta al trono de la gracia.

Cuando tienes una relación íntima con el Padre, Dios usa un lenguaje único entre tú y Él. Solo Dios tiene la capacidad de hablar directo a tu corazón.

Cuando sea Él quien te hable, seguro que lo reconocerás. «Las ovejas oyen su voz y lo siguen.» Si de verdad quieres encontrarlo, el único truco, la única clave que conozco, es la voz de un corazón humilde que admite sus errores, que desea estar en Su Presencia y también es aquel que se abre por completo a Jesús y le entrega toda su vida.

Ya has leído más arriba que la Presencia del Señor en tu vida ciertamente te brindará protección y seguridad, que ninguna aflicción se convertirá en sufrimiento eterno y que ningún golpe de la vida  tendrá la capacidad de derribarte.

Agradece a Dios porque Él te está buscando hoy, para iniciar una vida en Él, para llenar tu vida tanto de su Presencia como de su amor.
Gracias, Jesús.

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Escrito por, Hermes A. Carvajal