Hijito, aquí estoy. No digas no puedo, no digas no tengo

Hijito, aquí estoy. No digas no puedo, no digas no tengo, no digas no soy, porque yo soy el que puede, yo soy el que tiene y YO SOY EL QUE SOY.

Mira adelante, enfrenta a tu enemigo, no temas hijo mío que yo estaré contigo. Yo te proveo, te sacio. Tu sólo debes de oírme, obedece caminando hacia la meta, firme. No mires hacia abajo, levanta tu mirada, te sostengo de mi mano, no te puede tocar nada.

 

Soy tu amigo, el que no te falla, que no te miente, el que no cambia de opinión, que te acepta tal como eres, el que sonríe junto a ti cuando haces caras en el espejo, el que siente tu dolor cuando estás herido,  que se regocija con tus logros, el que te ayuda a triunfar, el que te levanta cuando fallas y te da la mano cuando más lo necesitas.

Soy Jesús, soy tu Señor, heme aquí, soy tu amigo.

No temas, no desmayes, no le des el gusto a los burladores de verte derrotado. Hazlo por ti, por los tuyos. Pero más que nada hazlo pensando en cuanto yo te amé, que caminé también por una senda de dolor hacia una cruz de crueldad. Lo hice por ti, por amor, para perdón, para tu libertad, para tu sanidad, para tu salvación.

Recuerda que estoy contigo en los momentos más difíciles y que juntos de la mano atravesaremos por el sufrimiento, tú te comprometes ahora a no darte por vencido, yo te prometo que estaré a tu lado dándote fortaleza y aliento, paz, confianza, consuelo, sabiduría, ánimo y alegría.

Abre tus ojos y mira hacia enfrente de ti. Mira tus sueños, tus anhelos. ¡No, no son fantasías! Son semillas que yo mismo sembré en tu corazón. Ahora, arranca de ti todo vestigio de duda y de incredulidad, porque aún si tus bolsas están vacías o si tu futuro se mira incierto y aún si tu camino ahora está lleno de injusticias y problemas: Acuérdate que hay alguien que ya caminó por esta misma vereda.

Con mis propios labios te lo digo: En el mundo tendrás aflicción, CONFÍA, YO HE VENCIDO AL MUNDO. Yo llenaré de fuego, gozo y victoria tu valiente corazón.

Amén


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