Hijito, ¡cuánto has sufrido!

Hijito, ¡cuanto has sufrido! entregaste tu corazón esperando recibir amor y te dejaron abandonado, golpeado y herido.

¿Cómo ibas a saberlo?  Tu querías amar y confiar en alguien y jamás pensaste que la gente pudiera ser tan cruel, tan mala. Pero has decidido venir a mi y confiarme tus secretos, tu sabes que mi amor por ti es eterno y para mi es muy importante que haya paz y sanidad en tu corazón.

Recuerda esto: Gotas de sangre rodaron por mi frente un día en la víspera de aquel cruel castigo y la dolorosa cruz a la cual me enfrentaría. Yo también se lo que se siente cuando muchos de los amas te abandonan, cuando doblas tus rodillas y con mucho sentimiento en tu pecho lloras y clamas con desesperación.

Yo también pasé por eso y te entiendo, haces bien en acudir a mí, es tiempo de que sanes, de que recibas fortaleza en tu alma, ha llegado el día de dejar la tristeza atrás yo quiero que vivas plenamente y que seas feliz.

Quiero que confíes en mí siempre y que guardes tu corazón con cuidado y gentileza, no le entregues tu vida y tu alma al primero que a tu puerta llega, te estoy llenando con mi Espíritu, ya no necesitas rogarle a nadie mas por un poco de amor y comprensión.

Aquí conmigo tienes todo, lo que quieras, lo que necesites, paz y fortaleza para cuando estés triste, mi gloria y mi presencia cuando sientas soledad, mis oídos dispuestos a escucharte, a comprenderte y apoyarte sin juzgarte cuando necesites amistad.  Morí y resucité por ti, nadie jamás te podrá dar un amor y un cariño tan grande como el que siempre encontraras en mí.

Levanta tu mirada ahora y recibe esta paz, la quiero compartir contigo, yo se que la necesitas, la aprecias  y no la desecharás.

Tu victoria, tu gozo y tu futuro no están en lo que la gente piense o diga y si te menosprecian y te rechazan, nada de eso importa porque tu vida y tu alegría siempre las encontrarás aquí conmigo. Son tuyas por la eternidad, te amo, Amén.