Oye bien lo que te voy a decir.

Oye bien lo que te voy a decir, escucha y guarda en tu corazón estas palabras. Te rodeo con mis brazos y te cuido siempre, estoy a tu lado en esos momentos cuando ya no puedes más, por eso quiero que estas palabras las recuerdes bien, que cuando seas atacado por la tristeza, piensa en mí y no enfoques tus sentimientos en la soledad.

Estoy contigo, esa es la verdad, habla mi nombre, abrázame en tu corazón y ya no llores más.

No riegues con tus lágrimas los tristes recuerdos, que no hagan raíces en tu alma los malos momentos. No le des más importancia al pasado que ya no volverá, no alimentes pensamientos o mentiras que quieren robarte un espacio en tu mente y te están destruyendo.

Acuérdate de mi sacrificio en la cruz dolorosa, yo pagué ahí por tus pecados con mi sangre poderosa, trae a tu mente mi gloriosa resurrección, así he venido a resucitar tus sueños, a transformar tu existencia, a darte vida eterna, a darle fortaleza a tu corazón.

Has sufrido en esta vida muchas cosas, pero no te has dado por vencido y aquí estás levantándote otra vez. Eres mi hija, mi hijo, llevas en ti mi poder, hoy continuarás de nuevo en el camino hacia tu bendición y nada ni nadie te podrá detener.

Voy a derramar en ti sabiduría y conforme vayas avanzando te abriré caminos, quitaré muchos obstáculos y verás cómo vuelven a ti muchas cosas buenas que creías perdidas.  Pero el secreto para que llegues a la libertad, la prosperidad, la paz y la bendición que estás buscando, es que creas realmente en lo que te estoy diciendo, que por nada te detengas ni dejes de avanzar y que no temas a los problemas ni a los enemigos que te quieren derrotar.

Ya sabes ahora lo que pienso, ya me oíste decirte que, sí te quiero bendecir y sí te quiero ayudar, ahora te corresponde a ti obedecerme, hacer lo que te digo, créeme, búscame, levántate y camina porque de seguro a tu victoria llegarás. Amén.