Dios es fiel: Él lucha tus batallas

Dios es fiel

D‍ios es fiel siempre. Cuando estás entre la espada y la pared y te enfrentas a obstáculos aparentemente insuperables, ¿qué haces? ¿Te rindes al miedo o a la desesperación? ¿O confías en Dios y sabes que no te abandonará cuando las cosas se pongan difíciles?

La Biblia está llena de ejemplos de personas que confiaron en Dios en medio de la batalla. En el Antiguo Testamento, leemos sobre individuos como Jacob, Ester, Moisés e incluso Noé, todos ellos hombres y mujeres que supieron confiar en Dios cuando sus vidas estaban amenazadas.

Por otro lado, en el Nuevo Testamento, encontramos más ejemplos de aquellos que supieron confiar en que Dios es fiel en todo momento, incluso ante el peligro. Esta entrada del blog analizará a tres hombres del Nuevo Testamento que entendieron cómo confiar en Dios en la batalla: Pedro, Pablo y Juan.

Pedro: De hipócrita a creyente sólido como una roca en que Dios es fiel

Pedro fue un pescador galileo del siglo I que se convirtió en el líder de la iglesia primitiva tras la resurrección de Jesús. Fue él quien proclamó por primera vez que Jesús era el tan esperado Mesías judío que había venido a «vendar a los quebrantados de corazón, a proclamar la libertad a los cautivos» (Isaías 61:1).

En los Evangelios, vemos cómo Pedro pasa de ser un seguidor tembloroso, y podríamos decir hipócrita, ya que negó a Jesús cuando se encontraba bajo mucha presión. Pedro pasó a ser un líder fuerte y fiel de Jesús. Lucha constantemente contra el hecho de que es un ser humano pecador y falible, pero siempre intenta confiar en el Señor, Dios es fiel.

Pablo: De perseguidor a perseguido

Pablo fue un creyente judío del siglo I que sufrió mucho por su fe en Cristo. Era un fariseo que perseguía y mataba activamente a los seguidores de Jesús. Todas esas barbaridades las hacía antes de encontrar a Cristo en el camino de Damasco. En esa ocasión quedó ciego, pero tras recibir la salvación, se convirtió en una de las figuras más significativas de la iglesia primitiva.

Pedro fue el primero en recibir el evangelio y luego en predicarlo a los demás. Pablo fue el primero en ser perseguido por su fe. En otras palabras, tanto Pablo como Pedro fueron apóstoles. Pablo fue arrestado y encarcelado varias veces, e incluso fue ejecutado por las autoridades romanas en el año 64. Sin embargo, tenía una asombrosa confianza en Dios y dejó una serie de escritos inspiradores. Entre ellos están sus epístolas a los Filipenses, Efesios y Colosenses, en las que dice a sus lectores que pongan siempre su confianza en Dios.

Pablo fue un gran ejemplo de alguien que supo confiar en Dios cuando su vida estaba amenazada.

Juan: de exiliado a discípulo sin parangón

Juan era el hijo de Zebedeo, uno de los doce apóstoles. También fue discípulo de Jesús y uno de sus doce seguidores más cercanos. Estuvo presente en muchas de las escenas y acontecimientos de la vida de Jesús y se le considera generalmente el autor del cuarto Evangelio, de tres epístolas y del Apocalipsis.

Juan era el más joven de los apóstoles. Fue uno de los tres discípulos que estuvieron presentes en la crucifixión, los otros fueron Pedro y Santiago, el hijo de Zebedeo. También fue desterrado a la isla de Patmos a causa de su fe en Cristo. Era el discípulo al que Jesús amaba y fue el único al que Jesús confió el cuidado de su madre al final de su vida terrenal.

Conclusión

Las vidas de estos tres hombres del Nuevo Testamento pueden inspirarnos a confiar más plenamente en el Señor, porque Dios es fiel y Él peleará tus batallas.

Una mirada atenta a las vidas de Pedro, Pablo y Juan nos muestra que podemos aprender mucho de ellos. Podemos aprender que solo podemos confiar plenamente en Dios cuando comprendemos nuestras propias debilidades e imperfecciones. Debemos reconocer que a veces no sabemos qué hacer y que quizá tengamos que esperar pacientemente a que Dios actúe. Solo cuando tenemos este tipo de humildad y apertura podemos experimentar realmente la fidelidad de Dios.

Cuando nos encontremos en situaciones aparentemente insuperables, recordemos el ejemplo de estos tres hombres y confiemos plenamente en Dios. Estemos abiertos a su voluntad y reconozcamos nuestras debilidades sin sentirnos culpables por ellas. Recordemos que Dios es fiel y que no nos abandonará cuando las cosas se pongan difíciles.