Dios no falla, su propósito se cumplirá

«Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo» Efesios 1:1-2.

Estas palabras son verdaderamente fortalecedoras, pues nos enseñan que la voluntad de Dios, a los que son santos y fieles en Cristo, les da gracia y paz.

Asimismo, en Romanos 8:28 afirma: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”

Aquellos que obedecen a Dios y su ley, incluso en tiempos de adversidad, obtienen misericordia y gracia.

Jesús nos habló de esto al llamarnos a la santidad por medio de Él, para que fuésemos santos como Él es Santo, teniendo fe y adoptando una nueva naturaleza en Cristo, ser hijos de Dios: «Arrepiéntanse, por amor de su Dios y de su Padre, y reciban el Espíritu Santo». En este versículo, Jesús nos dice que nos humillemos ante Dios y seamos transformados por la renovación de Su Santo Espíritu. Dios tiene un propósito para todo, incluyendo nuestras vidas.

Entiende que…no depende de nosotros

Pablo dijo: «Debemos saber que la fe cristiana no proviene de nosotros mismos, sino de Dios, de quien hemos recibido la gracia del Espíritu de verdad y vida por medio de nuestro Salvador Jesucristo». ¿Qué significa esto? Significa que nosotros, para ser renovados en Él, necesitamos conocer a Dios. Necesitamos saber quién es Dios. Si no lo hacemos, no podemos discernir la voluntad de Dios para nosotros.

Toda La Escritura glorifica el nombre de Dios. Él es Alfa y Omega, principio y fin, no hay segundo que pase de nuestras vidas que nuestro Padre no conozca. Bendita sea Su misericordia, porque se ha mostrado a nosotros no solo como el Dios Creador, sino como nuestro Padre y Salvador.

Si queremos discernir la voluntad de Dios para nosotros, debemos ir a Dios con humildad no con orgullo, pues esta es una muestra de que Él nos ha llamado.

Deja que Él te transforme

Cuando inclinamos nuestro oído y corazón hacia Dios, nuestro amor por Él crece y empezamos a amarlo con toda nuestra alma. Hasta nos parecemos más a Cristo: Nuestros pensamientos se convierten en Sus pensamientos, nuestros sentimientos se convierten en Sus sentimientos y nuestras decisiones se convierten en Sus decisiones.

Con esta transformación tan positiva en nosotros, empezamos a conectar con Dios y lo glorificamos. Además, otros pueden ver y sentir a Cristo expresado en nosotros.

En cuanto a nuestra poderosa mente, esta constituye parte principal de nuestra alma, que rige y coordina el resto de nuestro ser. Puedes fijarte en muchas cosas, pero Dios quiere que te fijes en el espíritu, donde está Cristo.

Romanos 8: 6 dice:

“Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz”.

Cuando ponemos nuestra mente en la carne o en las cosas carnales, nos sentimos sin vida e incómodos porque nos hemos alejado de Cristo en nuestro espíritu. Pero cuando ponemos nuestra mente en nuestro espíritu, estamos en paz y llenos de vida. Al poner nuestra mente en nuestro espíritu, todo nuestro ser se centra en Dios.

¿Cómo poner nuestra mente en el espíritu?

Para poner nuestra mente en el espíritu es indispensable leer la Biblia con el corazón abierto. Mientras leemos, nuestra mente se ilumina y se renueva, y somos lavados por el agua en la Palabra.

Finalmente, nuestra fuerza se refiere a nuestra fuerza física. Cuando inclinamos nuestro corazón al Señor, lo ejecutamos en nuestra alma y fijando con amor nuestra mente en Él, nuestro cuerpo siempre le seguirá. A medida que el amor por el Señor impregna todas nuestras partes internas, nuestras acciones externas comienzan a cambiar.

Las cosas que solían ocupar nuestro tiempo y energía ceden porque lo que amamos ha cambiado. Tenemos un nuevo objetivo, una nueva visión, una nueva búsqueda. Nuestra fuerza física es ahora amor enfocado en Su propósito.