Dios, su Padre, le habló en sueños y le dijo esto

Hace unos meses, una joven dama que buscaba consejo, me contó que para ella la imagen que tenía de Dios en su mente era la de un “hombre con la cara llena de sangre y vestido de harapos”.

 

Siempre que ella escuchaba la palabra “Dios”, esa imagen equivocada venía a su memoria, y esto fue porque de niña, fue testigo de una procesión en su pueblo, donde un actor personificaba a Jesús, y justo enfrente de ella, el actor cayó de rodillas de tal manera que la salpicó con la pintura que usaban como sangre. Ella estaba muy asustada. Cuenta que en aquel momento le vino a su pequeña mente el recuerdo de su propia madre, con la cara ensangrentada e hinchada por los golpes de su esposo, padrastro de ella. No era su padre biológico.

 

“Es Diosito”, le dijo su tía. Señalando con su mano al joven actor que la miraba directamente a los ojos.

 

Y esta imagen impactante se quedó casi de por vida plasmada en su alma. No quería ir a ninguna iglesia de ningún tipo, ni leer, ver alguna película o imagen que le trajera los mismos recuerdos. Era realmente un grave trauma. ¿Sería porque también le recordaba las golpizas que su padrastro le propinaba a su mamacita? Tal vez esa era la razón.

 

Se sentía tan triste, y tan enojada cuando su madre sufría en las manos de ese rufián, hasta el día en que para proteger a sus hijos su madre se la llevó a ella y sus hermanitas a la ciudad grande, a la capital, donde la vida no fue nada fácil pero en donde jamás volvió a mirar a su linda mamá con la cara hinchada, o escupir sangre retorciéndose del dolor.

 

Con hambre o con pobreza, pero en la gran ciudad fueron felices

Un día  ella leyó por ahí en las redes sociales que Dios era su Padre. Se sentía muy sola en esos momentos, ya tenía 25 años de edad y había sufrido su primera desilusión amorosa. Lo que más necesitaba era el abrazo de alguien que la amara de verdad, sin morbos, sin malas intenciones, sin esperar nada a cambio.

Cuando leía esas líneas acerca de Dios, le pidió a Él con toda la sinceridad del mundo y hablándole como si le hablase a un amigo, con toda su alma le rogó que le hiciese sentir el verdadero amor, que la abrazara, que la mimara y le hiciera sentir un cariño que ella nunca había sentido: El cariño de un padre de verdad. No el que engendra, sino aquel que ama y da su vida misma por unos pequeños, sean o no sus hijos biológicos. Ella había leído de ese amor, pero jamás lo había experimentado en su vida.

Se quedó dormida, y tuvo un sueño donde un hombre vestido de brillantes ropas caminaba hacia ella y le decía: “Me alegra que me hayas llamado. Yo Soy Tu Padre, te amo y siempre he estado contigo” y la abrazó de tal manera que nunca jamás nadie en su vida lo había hecho.

Se despertó llorando, y continúo llorando todo el siguiente día, pero no de tristeza, sino de alegría. Dice que estaba tan alegre que fue y sacó algo de dinero de su banco, lo puso en sobres, cantidades pequeñas, y fue al centro de la ciudad a repartirlo entre los pobres que pedían limosna, sobre todo entre mujeres y niños.

Se acordó de cuando no tenían que comer, por culpa de aquel borracho que lo único que sabía era beber y golpear, pero hoy ella había sido muy bendecida en su profesión y se sentía tan feliz que dar de sus propias bendiciones a los mas necesitados, era una reacción natural que venía de su nueva felicidad. La siguiente noche tuvo otro sueño, y en él veía al mismo hombre del sueño anterior, pero ahora, dice ella, Él le hablaba, pero ella no escuchaba en si las palabras que salían de su boca, pero las entendía.

Era extraño dice ella.“Entender, sin escuchar el sonido de las palabras, solamente sentir  su significado en la mirada y la sonrisa de mi Padre”. Al despertar, escribió en un papel las bellas palabras que vinieron a su mente las cuales  son la interpretación a ese melódico sonido y a esa mirada de amor que emanaban de su Padre Celestial.

Esto es lo que ella entendió en su corazón. Un gran mensaje de su Padre Celestial que ahora ella comparte contigo: PRESIONA AQUI PARA LEER