La importancia del arrepentimiento a la luz del perdón de Dios

“Por tanto, para que sean borrados sus pecados, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios, a fin de que vengan tiempos de descanso de parte del Señor” Hechos 3:19.

El arrepentimiento es un acto noble a los ojos de Dios que consiste en un cambio de mentalidad  que surge del dolor por el pecado y que lleva a transformar nuestras vidas. Seguramente has sentido, como en todo momento, sean de alegría o tristeza, Dios nos atrae hacia Él, y al confesar nuestros pecados y arrepentirnos, nos acercamos al Señor debido a que actuamos con transparencia ante sus ojos.

Recuerda siempre que en todo momento o circunstancia, Dios conoce nuestros corazones y toda justificación e intención de arrepentimiento las podemos vincular mediante la confesión.

“De él dan testimonio todos los profetas, que todo el que cree en él recibe, por medio de su nombre, el perdón de los pecados” Hechos 10:43.

Nuestro Buen Dios no solo quiere que confesemos nuestros pecados, Él también quiere que cambiemos sinceramente. Día tras día, somos santificados y nos acercamos a Cristo.

Tener fe en Cristo, y, por ende ser llamados hijos de Dios no quiere decir que podemos pecar y no asumir la consecuencia de este. Dios corrige a los hijos que ama. Así que, podemos decir que la fe es gozarnos en las bendiciones que tenemos en Cristo Jesús, con la alegría de vivir para la gloria del Padre.

La esperanza y la paz en Cristo se basan en el perdón de Dios

“Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!” 2 Corintios 5:17.

Es asombroso cómo el Señor nos bendice y nos acompaña en el camino de la vida. Esto nuevo que ha llegado es la gracia de Dios a nuestras vidas. En el mundo encontramos aflicción, pero podemos vivir en el mundo sin sufrir, el tiempo en el que habla el pasaje es presente, en el ahora.

Hablar de felicidad y paz suena imposible ante los grandes problemas que nos podemos encontrar. Vivir exclusivamente para Dios, es cerrarles las puertas de nuestro corazón a la tristeza consecuente a actos y pensamientos  humanos y depositar nuestras cargas en Cristo, teniendo plena confianza en que somos hijos del Dios viviente y tenemos un Salvador que aboga por nosotros.

El desear estar en comunión con Dios no puede ser posible si no nos excluimos y ponemos límites a aquello que no le agrada a Dios.

El perdón de Dios es recíproco

“Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia. Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo” Efesios 4: 31-32.

En la actualidad, al ver un poco los mensajes que se publican en las redes sociales, podemos notar rápidamente que hay muchos mensajes llenos de amargura, odio, violencia verbal, ira y calumnias.  Cuando estamos en Cristo, todos esos sentimientos negativos los desechamos así como elegimos no participar fuera de la obediencia y en defensa de los más débiles para que encuentren justicia.

En Cristo, somos perdonados también por los perturbadores valores predeterminados a los que se dirigen nuestros pensamientos y nuestro egoísmo innato que intenta apoderarse constantemente. “Perdonar a los demás demuestra que tenemos fe; estamos unidos a Cristo y el Espíritu Santo, misericordioso y humilde, habita en nosotros”, escribe John Piper.

El perdón de Dios es la historia y el sendero de nuestra salvación

Desde el principio de los tiempos, en las primeras páginas de las Escrituras, Dios nos llamó «muy buenos» y tenía un plan para perdonarnos y salvarnos. No por lo que podríamos hacer o lograr, sino por quién es Él y lo que haría por todos nosotros porque somos suyos, somos sus amados hijos.

Esta maldición del pecado no durará para siempre. Jesús ya ha vencido a la muerte y resucitó para estar ahora al lado del Padre, ya hemos sido perdonados en su nombre. Para todos los que declaran a Jesús como Salvador y confiesan sus pecados y se arrepienten de corazón, la eternidad les espera.

Una oración para recordar el perdón de Dios

Amado Padre Misericordioso,

Nuestras vidas están destinadas a traer y ser reflejo fiel de toda tu Gloria y por eso honramos tu nombre. Por favor, te pedimos Señor, con vehemencia, que nos ayudes a reconocer cuál es nuestro propósito en la vida y te pedimos que abras nuestros ojos y corazón para identificar nuestros pecados.

Jesús sabes que te amo y te agradezco infinitamente por tu sacrificio en la cruz. Aceptaste un dolor inconmensurable para así salvarnos por eso te pedimos Señor, que nos ayudes a llegar a Ti libremente, exponerte nuestros pecados para que arrepentidos podamos encontrar perdón ante tus ojos y los ojos de Dios Padre.

Mueve amado Jesús, nuestro corazón, límpianos de nuestros pecados ocultos y transfórmanos en las personas que deberíamos ser. También Señor nuestro, ayúdanos a perdonar y a tener un corazón abierto y compasivo para poder hacerlo.  En el poderoso nombre de Jesús oramos. Amén.