El perdón de Dios

“Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno”, Salmos 139:23-24.

La misericordia de nuestro Padre es grande y tan compleja para el conocimiento humano que solo podemos decir: Gracias Dios. Es cierto que no nos podemos desprender de la carne ni  apartarnos del  pecado. Además de regalarnos el perdón por medio de Cristo Dios nos instruye en Su camino. Somos débiles, fáciles de engañar, amamos el placer, somos arrogantes y en ocasiones hasta malagradecidos con las bendiciones que hemos recibido.

Por eso, es importante que tengamos en cuenta que fuimos creados para apoyarnos en Dios a través de Su Hijo, Jesucristo. Su muerte en sacrificio en la cruz nos concedió el perdón de Dios, llevándonos a la comunión con nuestro Padre. La morada del Espíritu Santo incita a cada creyente a tener la convicción de confesar y arrepentirse del pecado. Dios, quien es perfecto, por el perfecto sacrificio que Cristo hizo en nuestro honor, es fiel en perdonarnos.

El apóstol Pedro escribió: “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en Espíritu;” y Juan 10:10 nos recuerda que el perdón de Dios nos da vida en plenitud.

¿Qué dice la Biblia sobre el perdón de Dios?

“¿Qué Dios hay como tú, que perdone la maldad y pase por alto el delito del remanente de su pueblo? No siempre estarás airado, porque tu mayor placer es amar. Vuelve a compadecerte de nosotros. Pon tu pie sobre nuestras maldades y arroja al fondo del mar todos nuestros pecados” Miqueas 7:18-19.

Jesucristo completó el plan de Dios para el perdón que hemos obtenido todos por su muerte en la cruz. La totalidad de la Escritura apunta siempre al Mesías Cristo y su acto salvífico a causa de la humanidad. Hechos 2:38 dice: Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”.

La nueva vida que recibimos en Cristo proviene del perdón de nuestros pecados, perdón que hemos obtenido gracias al sacrificio de Jesús, Hijo de Dios, muerto injustamente en la Cruz. Jesús con su entrega y amor nos abrió un camino para que estemos en la presencia de Dios, aún cuando seguimos siendo susceptibles al pecado todos los días de nuestra vida.

Dios no tenía que perdonarnos, pero eligió hacerlo. Desde el principio, Dios sabía lo que traería el mañana. Jesús vino a salvarnos de la maldición del pecado, algo de lo que no podemos liberarnos. Pablo escribió a los efesios: “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia,” (Efesios 1: 7).

El perdón de Dios es producto de Su Gracia. Dios Todopoderoso, ha tenido la gracia de perdonarnos y espera que le paguemos. Cuando comprendemos verdaderamente el sacrificio que Jesús hizo y el amor que Dios tiene para perdonarnos, nuestra fe genuina crece y es entonces cuando somos capaces de perdonarnos a nosotros mismos y a los demás.

El perdón siempre ha sido el plan de Dios

“Tú, Señor, eres bueno y perdonador; grande es tu amor por todos los que te invocan”, Salmos 86:5.

El perdón siempre ha sido el plan de Dios y eso se debe a que su Hijo, a quien ama profundamente, fue enviado para salvarnos a todos.

“Deja las 99 ovejas para ir tras una”

El evangelio circulará por la tierra y por el tiempo hasta que todos los oídos hayan tenido la oportunidad de escuchar. El plan siempre fue que Jesús, el único Hijo de Dios, viniera a la tierra y sacrificara su vida sin mancha por el perdón de nuestros pecados.

Dios conoce y sabe que somos propensos a vagar e incapaces de vivir sin pecado.

“Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados. Hazme recordar, entremos en juicio juntamente; habla tú para justificarte” Isaías 43:25-26.

Nuestro buen Dios no solo es fiel para perdonarnos del pecado que vemos y confesamos, sino también se encarga de mover nuestro corazón para poder ver otras áreas de nuestra vida donde el pecado está saboteando nuestra libertad en Cristo. Pablo escribió a los colosenses: “ de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes” Colosenses 3:13.