Obstáculos cuando buscamos la Presencia de Dios

 

En otra ocasión hablé sobre uno de los propósitos por los que fuimos creados. ¿Te acuerdas cuál era? Ese propósito es estar en la Presencia de Dios.
Él anhela que estemos en comunión con Él y tengamos una relación personal con Jesucristo. Entonces, ¿Por qué a muchos se nos hace tan difícil estar y permanecer en Su Presencia?

 

Cosas que nos impide orar y estar con Dios

 

¿Cómo te fue esta semana? ¿Cómo está tu vida de oración? ¿Has leído y meditado en Su Palabra?

Pablo nos dice en Filipenses 3:14: “Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”. También dijo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Timoteo 4:7).

Nuestra vida cristiana es como una carrera, pero una carrera de obstáculos. Nunca nadie dijo que sería un camino sencillo. Es más, Jesús lo comparó con un camino angosto: “Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:14).

Estos obstáculos buscan hacernos tropezar, retrasarnos, lastimarnos o hacernos pensar que es imposible… Todo con tal de que no lleguemos a la meta. Pero ahora, ¡¡¡RECUERDA!!!

 

“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Filipenses 4:13

 

Obstáculos que nos impiden estar en Su Presencia

Estos son los tres tipos de obstáculos que se nos presentan cuando buscamos la Presencia de Dios.
Recuerda que nuestro Señor te levantará de cualquier problema (Salmos 37:24), pero Dios no te levantará de una excusa.

Excusas para no presentarnos ante Dios como Él quiere

1. Distracciones externas

Estas pueden ser la televisión, la computadora, Facebook y cualquier otra red social. También la música y los videojuegos suelen alejarnos de esta meta, pero dentro de esto también entra el trabajo, las tareas, responsabilidades en la casa o en la iglesia.

¿Y Jesús, pasó él también por distracciones externas? Pues la respuesta es sí. Él tenía muchas cosas que lo podían distraer y alejar de la Presencia de Dios durante todo el día. Tan ocupado estaba que incluso a veces no comía. La gente lo buscaba para escucharlo, le traían enfermos, iba de una ciudad a otra cumpliendo con la voluntad de su Padre.

¡Oh, ciertamente Jesús tenían muchas distracciones externas que podían alejarlo de la Presencia de Dios, o pasar un tiempo orando!

2. Satanás

La Palabra de Dios nos dice: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir” (Juan 10:10).
Y “vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quién devorar” (1 Pedro 5:8).

Ciertamente, uno de nuestros mayores adversarios en esta carrera y en nuestro caminar con Cristo va a ser Satanás, ya que él no quiere que seamos salvos. Tampoco quiere que usted sepa todo esto. Y cuando buscamos la Presencia de Dios, él aumenta los esfuerzos para hacerlo dudar ¿Cómo? A través de los problemas. Estos son dardos a la mente, tentaciones, entre otras cosas.

¿Y Jesús, tuvo que lidiar contra los ataques de Satanás? Y la respuesta sigue siendo sí.

El ataque más grande que tuvo Jesús de parte de Satanás fue cuando estuvo en ayuno (buscando la presencia de Dios). Mateo 4:1-11 nos relata las tres áreas que Satanás siempre tratará de atacar: la primera es tu identidad como hijo (a) de Dios (Mateo 4:3); la segunda es poniendo a prueba las promesas de Dios y, ¡cuidado! porque aquí hasta usará la Palabra, torciéndola en sus mentiras (Mateo 4:6) y la tercera es ofreciendo riquezas (Mateo 4:9).

Satanás siempre va a querer impedir que iniciemos nuestro ministerio, que iniciemos un avivamiento en nuestra vida espiritual porque sabe lo que eso significa para otros.

3. Tú mismo

Muy al contrario de lo que muchos pueden pensar o decir, nuestro mayor enemigo no es Satanás sino nosotros mismos. Más específicamente nuestra carne y sus deseos, nuestra alma, nuestro yo.

Gálatas 5: 16-17 nos dice: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis”.

Tus inseguridades, egoísmo, inconstancia, desgano, aburrimiento, flojera, temor, entre otros son trabas que tu carne y tu “yo” te pondrán a la hora de buscar la presencia de Dios.

¿Y Jesús, tuvo que lidiar contra sí mismo, contra su “yo”? Y la respuesta sigue siendo sí. Jesús era completamente Dios y completamente hombre también. Y uno de los momentos donde tuvo que lidiar con su carne, con su “yo” y con su alma (pensamientos, emociones y voluntad) fue en Getsemaní.

Antes de que Jesús fuera crucificado, angustiado, llegó a pedirle al Padre “si quieres, pasa de mi esta copa” (Lucas 22:42).

¡Recuerda! Tu manera de pensar determina lo que sientes, y lo que sientes guiará tus actitudes. Debes de renovar tu manera de pensar (Romanos 12:2), la Palabra de Dios nos dice que todo aquel que reconoce que Jesús es el Señor tiene la mente de Cristo (1 Corintio 2:16).

Así pues, ¿Cómo combato cada una de estas áreas? Nuestro Señor Jesucristo no solo pasó por cada uno de estos obstáculos, sino que nos da la solución para vencer cada uno de ellos.

Al principio les dije que nuestra vida cristiana es como una carrera de obstáculos, ahora pues, les invito a seguir las huellas del maestro. ¡Él ya pasó esa carrera y obtuvo la victoria!

Los Pasos del Maestro

Frente a las distracciones externas, y aunque podamos tener muchas cosas pendientes (Jesús tenía tantas cosas que hacer que a veces ni comía ni dormía), no debe ser una excusa para no buscar la presencia de Dios. Entonces, el primer paso es DISCIPLINA.
Y no me refiero a un horario rígido, porque siempre pueden pasar cosas inesperadas, pero debes ser disciplinado en siempre separar un tiempo para estar con Dios. Y esto nos lleva al segundo paso: PRIORIDADES.
Jesús tenía muy en claro sus prioridades y, por ello, separaba un tiempo para buscar la presencia de Dios.

Frente a Satanás, haz como Jesús: contraataca con la Palabra de Dios, “escrito está”.

Y frente a los deseos de tu carne, la respuesta es MUERTE. Negarte a ti mismo, así como lo hizo Jesús, buscando siempre hacer la voluntad del Padre y el vivir por el Espíritu.


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