¿Cómo sé que Dios me ama?

Son muy pocas las personas que asumen que Dios los ama. Otros, simplemente dudan del amor de Dios hacia ellos, ya que tienden a evaluar su amor basado en lo que ellos creen que son o en sus circunstancias. A veces piensan que han hecho tantas cosas malas en su vida que no merecen el amor de Dios, y, ¿sabes algo? en parte tienen razón, pues ninguno de nosotros es merecedor de su amor, ya que Él nos ama, por su gracia. Tanto así que envió a su único Hijo para que muriera por nuestros pecados. Pero ahora, justificados por la fe en ese sacrificio, Él nos ama.

Constantemente nos dicen: “Dios te ama”, “Dios es amor”. Todo eso puede parecer teórico, especialmente en tiempos difíciles. ¿Dónde está entonces Su amor? ¿Cómo sé que Dios me ama?

La manera en que respondemos a estas preguntas, siendo o no conscientes de ellas, es lo que determina nuestra visión de Dios y la salud de nuestra fe. No merecemos nada, más por su gracia Él nos lo da todo.

¿Cómo sabemos que Dios nos ama? Muchos están seguros del amor de Dios a través de sus providencias o generosidades, ya que sus misericordias son nuevas cada día. Sin embargo, muchos creen que la prueba del amor de Dios se puede encontrar en las cosas buenas que Él nos da o por las oraciones contestadas de la forma en que deseamos: “¡Dios me ama, pues me provee en tiempos de necesidad!”; “¡Dios me ama, pude comprar mi carro!”; “¡Tengo una carrera exitosa, Dios me ama!”; “¡Tengo comida deliciosa en la mesa!”, “Tengo una familia feliz, Dios me ama!”

Sin embargo, esto nos lleva a preguntarnos ¿Dios no ama a aquellas personas cuyas vidas se caracterizan por la aflicción, la pérdida, la tristeza y la necesidad?

Aunque por Su gracia el sol sale para todos, es justo decir que la benevolencia de Dios se ve en las muchas maneras en que provee tanto a justos como a injustos (Mt. 5:45). No podemos observar a nuestras circunstancias para estar seguros del amor de Dios, pues eso nos llevaría a creer que Dios ama a unos más que a otros. Es más, con frecuencia nos damos cuenta de que a los malvados les va mejor que a muchos justos. Esto podría socavar nuestra fe.

Si cuestionamos el amor de Dios a través de lo que Él nos provee, entonces cuestionaremos su amor cuando nuestras necesidades no sean satisfechas. Dios puede parecer temperamental o injusto, o que no se involucra con nosotros; si permitimos que nuestro cambio de posición en la vida sea la explicación por la cual entendemos el amor de Dios, estamos mal.

Ahora, si no podemos basar nuestra comprensión del amor de Dios por nosotros en nuestras circunstancias, ¿en qué nos basamos?

En esto se manifestó el amor de Dios entre nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por Él. (1 Juan 4:9 ESV)

Cuando dice que “envío” a su Hijo unigénito, esto no significa solamente su aparición en la tierra, sino todo: desde su encarnación hasta la crucifixión y resurrección (Gálatas 4:4, 5; Romanos 8:3; 1 Juan 4:10.

Tenemos la esperanza de que Dios nos miró cuando no éramos hermosos, ni atractivos, ni agradables. Vio la pérdida y la desesperanza; la rebeldía y nuestro carácter sucio: nada bueno hay en nosotros, pero Él nos amó con un amor de benevolencia que nos salvó de la destrucción cuando estábamos huyendo de él a toda velocidad. Ese es el amor de la benevolencia. Ninguno de nosotros tendría una relación con Dios sin ella.

El amor de Dios se ve finalmente en lo que hizo por nosotros hace 2,000 años. ¿Y qué hizo Dios al enviar a Jesús? Él envió a un sustituto que cumpliría la justicia requerida de nosotros, y expiaría los pecados que hemos cometido. En resumen, Cristo vino a pagar una deuda con su vida que nosotros no podíamos pagar ni con todo el oro del mundo. La palabra que Juan usa para explicar el amor de Dios por nosotros en la cruz es propiciación. La palabra esencialmente significa satisfacer, pero más específicamente propiciar es la satisfacción de la ira de Dios contra nuestro pecado a través de la muerte de Jesucristo (Véase también Romanos 3:25; Hebreos 2:17).

¿Cómo sabemos que Dios nos ama? Porque Jesús murió por nosotros y todo aquel que crea en Él, no se pierda mas tenga vida eterna. El amor de Dios no consiste en una providencia agradable en nuestras vidas, sino en la propiciación divina en la muerte de Jesucristo.

Ahora queremos que entiendas aquello que Job entendió después: Que no importa lo que sientas o lo que suceda, Dios existe y te ama profundamente. No importa cuán horribles sean las cosas, no importa lo que suceda, nunca podremos separarnos del amor de Dios.