Cómo superar una infidelidad en la iglesia | Reflexión de la Palabra de Dios

Palabra de Dios para ti hoy

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La infidelidad en las iglesias cristianas es un problema muy real.

Según una encuesta reciente, la infidelidad entre las parejas cristianas es casi un 60 por ciento más alta que la media nacional. Según el Dr. Willard Farley Jr., un psicólogo clínico acreditado y autor del libro «His Needs, Her Needs: Building an Affair-Proof Marriage» (Las Necesidades de Él, Las Necesidades de Ella: Construir un Matrimonio a Prueba de Aventuras), la infidelidad entre hermanos de una iglesia cristiana es común.

La encuesta reveló que casi un tercio de los pastores ha cruzado la línea con alguien que no es su cónyuge. Aún más impactante, uno de cada nueve pastores admitió ser un adúltero.

Puede parecer injusto culpar al cónyuge por un asunto así, pero la verdad es que casi la mitad de los pastores y hermanos en la iglesia, se sienten insatisfechos con sus matrimonios.

El gran problema es la falta de libertad para hablar con sinceridad sobre el tema, y desde luego que lo van a negar. Tristemente, la realidad es esa, por fuera se ven como parejas felices, pero por dentro sufren y por no atender esos problemas a tiempo, terminan en separación, infidelidad o algo peor.

Es importante que tengas presente que, tanto los pastores como cada hermano en la iglesia necesitan tomar tiempo para nutrir sus relaciones personales en casa también. Deben estar emocional y físicamente conectados a su cónyuge.

Pero, que pasa cuándo sucede una traición en el Cuerpo de Cristo

Un cristiano conservador dirá que el divorcio es aceptable si un hermano ha sido infiel y ha abandonado al cónyuge cristiano.

Un divorcio legal no cuenta como un divorcio dentro de la Iglesia, pero todavía se considera adulterio. En tal caso, la persona tendría que separarse de la relación adúltera y vivir una vida de pureza sexual. ¿Si esto es posible, podría regresar a la iglesia, pero… es así todo el tiempo?

El caso de Pedro el infiel

En la Biblia podemos encontrar la palabra de Dios, la cual es nuestra fuerza y nuestra certeza de perdón. Sin embargo, les voy a contar dos historias para que podamos reflexionar.

Conozco unas personas, a las que le pasó lo siguiente: Pedro, tenía 32 años cuando le fue infiel a su pareja.

El juicio y los resultados que llegaron a su vida debido a su transgresión fueron desgarradores. Sobre todo, porque un gran número de personas, que dicen ser muy estrictas y religiosas, por desgracia, son las menos capaces o las menos dispuestas a perdonar.

Así es que, Pedro sucumbió a la tentación. Su mujer… no lo perdonó, y sus hermanos cristianos tampoco lo perdonaron. Sin embargo, Pedro en su desesperanza cayó de rodillas y le pidió a Dios que lo perdonará y lo restableciera. Dios, el Todopoderoso, le prestó atención, lo escuchó.

Años después de esta tragedia, Pedro vive una vida fructífera, pero su ex y sus «hermanos» de la iglesia aún los consume el odio y el desprecio.

El caso de infidelidad en la iglesia del hermano David

La otra persona que conocí es a David. Cometió este error, y, al igual que a Pedro, ni su esposa, ni sus hermanos en Cristo, ni los pastores, lo perdonaron. No quisieron darle una segunda oportunidad, a pesar de que imploró perdón y mostró arrepentimiento.

En una ocasión conversé con él y le aconsejé que, nadie: ni las esposas, ni los ministros, tampoco su papá o su mamá representan la absolución de Dios aquí en la tierra. Ninguno de ellos representa el perdón del padre. La Biblia claramente nos instruye que, a decir verdad en Salmos 27:10, «Aunque mi padre y mi madre me desprecien, con todo, el Señor me recogerá…»

¿Lo ves? Le dije: Aun en el caso de que tu mamá te deje, Dios está dispuesto a no desampararte. En cualquier caso, David no pudo olvidar. Recordaba todos los días el favor y el reconocimiento de las personas que lo habían rechazado, difamado y abandonado.

Años después de los hechos, pensé que, al igual que Pedro, David iba a superar el error. No obstante, él está sumergido en el alcohol y en el abuso de sustancias. Cada vez que lo encuentro en la ciudad, me recuerda lo irracionales que fueron las personas que lo repudiaron, que lo rechazaron como si fuera alguien que no podía equivocarse.

Amiga, amigo lector, sabe realmente que es lo más triste de todo, aún hoy en día, David no puede reconocer ni aceptar el perdón de Dios. Es más, aún no puede perdonarse asimismo el pecado de haber cometido una infidelidad en la iglesia…