El regalo

El regalo

A la inmensa mayoría de las personas nos gustan los obsequios. Hay una pequeña parte a la que no les agradan, ya que sienten que quedan en deuda con quién les está dando algo; pero a la mayoría nos emocionan. Pensar que somos tan especiales para alguien planificará y sacara tiempo para ir a ver, escoger y adquirir algo que nos diera alegría… es sin duda una de las sensaciones más gratificantes que puedas recibir.

Quien nos regala, nos ama. Y lo hace para demostrarlo. De allí la frase de la escritora estadounidense Sarah Deseen: «Los mejores regalos vienen del corazón, no de la tienda”. Y me agrada pensar que es esto lo que Dios nos da cada día al salir el sol: una muestra de su amor inconmensurable. Bueno para intentar otra vez lo que no se ha logrado, para cambiar de rumbo, para abrazarnos a él.

Sin merecerlo, es nos dio el regalo de la vida eterna

Excelente para saber cuán valiosos somos en sus planes. «Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre» (Salmos 139:13). Y nadie hace nada sin un propósito. El regalo mismo de la vida se nos dio por una razón específica. «Él me clamará: Mi padre eres tú, Mi Dios, y la roca de mi salvación. Para siempre le conservaré mi misericordia, Y mi pacto será firme con él» (Salmo 89:26,28). Fuimos hechos para él.

Por eso, es que nos busca tanto, por eso nos perdona tanto, por eso nos espera así; pese a que le demos la espalda, le fallemos o ignoremos totalmente. Por eso está dispuesto a oírnos cuando le buscamos. «Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído» (Isaías 65:24). Porque nos ama.

Nunca pienses que no vales nada, eres valioso para Dios, por eso te ama

Pero a veces sentimos que no valemos nada: abrumados por los problemas, las opiniones de la gente, las facturas, el dolor, la traición. Nos visitan la depresión, los complejos, las dudas, la tristeza, el desamparo. Con todo, el que nos formó, quien nos da el divino obsequio de nuevas oportunidades nunca nos dejará huérfanos. Siempre está ahí. «Aunque mi padre y mi madre me dejaran, Con todo, Jehová me recogerá» (Salmos 27:10).

¡Eres valioso (a)! Las circunstancias no te definen. Un kilo de oro siempre será un kilo de oro, así se halle sumergido en el lodo. Eres un regalo de amor, de bondad y de entrega así el barro de los humanos quieran opacar tus inmensos y loables sacrificios. Eres gozo, alegría, pasión y esperanza encerrada en un paquete hecho de carne y huesos. El mundo entero te anhela. «Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios» (Romanos 8:19).

En resumen

Recuérdalo cuando la mayoría te oprima o quiera cambiarte o no valore el hermoso presente que eres. No te impacientes. La mayoría espera detalles de la tienda, mas a Dios le ha plácido darnos contigo un obsequio del corazón. No todos sabrán valorar tal dádiva, pero… como los regalos: siempre hallarás el camino de la sonrisa.