Mi secreto “…no soporto esta infernal situación…”

December 18, 2011  —  By

Alma Rosa escribe:

Gracias por la oportunidad de exponer mi situación y escucharme o leer y darme un poco de su tiempo, les agradezco los correos que me mandan que me han fortalecido y Dios los ha usado para hasta hoy no tomar decisiones más drásticas con respecto a mi existencia, porque ya no soporto esta infernal situación que ahora sí como dice la gente:  “yo no se la deseo ni a mi peor enemiga”.

Este es mi problema. Tengo 18 años de casada, 38 de edad. 4 hermosísimos hijos: dos mujeres y dos varones. Y mi marido pues, no me puedo quejar, que siempre ha estado al pendiente económicamente, pero en algún momento de nuestro matrimonio nuestra relación se enfrió y ahora pues nada más somos matrimonio a la vista de la gente. No hay amor, intimidad, nada, nada de nada. Ya tenemos casi cuatro años, después de un pleito muy feo que tuvimos, aparentemente por una situación sin importancia, pero para mí si lo tenía. Él se quería llevar a mi hija menor a un retiro de una iglesia. La niña tiene 10 años. Tenía 6 en aquel entonces, y había un evento para niños de muchas iglesias fuera de la ciudad, y él se alborotó a ir y se quería llevar a la niña. Mi problema era que yo sabía que en ese lugar iba a  estar también el verdadero papá de la niña.

Ese es mi secreto. Cuando yo era más joven trabajé en una empresa y ahí hice amistad con el dueño. Él es muy diferente de mi marido, hombre de negocios inteligente. Mi marido, un hombre que no terminó la escuela;  tiene un trabajo que lo puede hacer cualquiera, aunque gana un poco más por su antigüedad, pero es un hombre de hecho mal  educado en todo el sentido de la palabra. Machista, autoritario, sucio. Tiene toda su vida asistiendo a la iglesia, pero pues no le sirve de mucho. En la iglesia pone una cara, como muchos lo hacemos  <>.

Por eso me enamore de ese hombre atento, limpio y varonil, mi antiguo patrón. Y aunque por yo ser casada fue un amor imposible, de esa relación salí embarazada de mi hija menor. Yo creo que ese embarazo fue la antesala del infierno que hoy estoy viviendo. Tuve que ingeniármelas de mil maneras para aparentar que mi marido era el padre de la criatura. Y hasta el día de hoy, absolutamente nadie sabe la verdad, solo el papá de la niña y yo. ÉL me ofreció ayuda económica en el embarazo y por meses después, pero por la crisis su negocio se vino abajo y por un tiempo lo perdí de vista.  Después me enteré que empezó a ir a una iglesia, y que perdió casi todo por problemas financieros.

Un domingo me topé con él, o sea, el verdadero papá de la niña, en la misma iglesia a la que voy; él ya muy de ayudante de un ministro invitado, y hasta pasó al frente, pero se quedó mudo cuando me miró (pues a propósito me senté en la banca de enfrente cuando él estaba hablando). Estaba yo nerviosa, pero a la vez me dio tanta risa por dentro. Pero mejor me salí y me fui. Él  me buscó en la semana dizque para pedirme perdón, etc,… etc. Ustedes saben, muy arrepentido de lo que “había pasado” entre nosotros, pero, pues el daño ya estaba hecho. Y aunque amo a mi hija, cada día siento que se me clava un cuchillo en el pecho al levantarme. Por muchas razones ahora mi marido y el papá de la niña a veces cruzan sus caminos, como en esa ocasión en que ambos iban a estar en el mismo lugar y bajo el mismo techo.  Y  yo simplemente no quería, no sea que al papá de la niña le entre lo “arrepentido” o el “sentido paternal” y  le diga algo a mi marido o a la niña.

Ese es mi miedo y mi temor día tras día. La niña entre más crece, menos se parece a mis otros hijos, y se parece muchísimo a su verdadero padre. Mi marido no sospecha, nada. A veces hacen bromas en la familia de que la niña parece hija de “rico”, y yo me rio con ellos, pero clamando a Dios que mi secreto jamás se descubra. No creo tener futuro sinceramente ni de bien, ni de prosperidad. Como a veces ustedes dicen, porque pues, aunque si me alientan sus mensajes, más tarde me enfrento a la realidad, que yo cometí un grave pecado, y el día que  tenga que pagarlo, no lo voy a hacer yo sola, sino que probablemente lo tenga que pagar mi hija, mi marido, y quién sabe cuánta más gente.

Gracias por su respuesta y sus oraciones, son muy apreciadas.

 

 

Escrito por Hermes Alberto Carvajal,   Google

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