Poema Cristiano: «Me Alegra Mucho Continuar Teniendo Tu Amistad»

Tú eres para mí alguien extremadamente especial. Una persona que siempre saca de lo simple algo genial. Aquella mujer a quien por nada de este mundo podría olvidar, pues ambos tenemos lindos recuerdos que nadie nos podrá quitar.

Recuerdo que hace mucho tiempo nos la pasábamos peleando por simples tonterías, nos terminábamos distanciando. A veces hasta en las redes me terminabas bloqueando, pero al final de cuentas siempre terminábamos amistando.

Lo sé, lo sé, yo era un niño bastante irritable y admito que muchas veces dije cosas sin pensar de forma no muy inteligente. Herí en varias ocasiones tu corazón con algunas actitudes que tuve, y admito que hice lo incorrecto, pues equivocado muchas veces estuve.

Tú también cometiste, aun sin darte cuenta, muchos errores. Admito que a mi corazón le causaste muchísimos dolores, pero ni haré mención acerca de aquellas situaciones, pues ya no me importan aquellas aflicciones.

Luego de todo esto comprendí lo mucho que te quiero y te valoro. Llegue a entender que en mi vida tu amistad es como un tesoro; por lo cual hoy en día, cada vez que puedo, por ti oro, pues quiero que nunca se rompa la amistad que hay entre nosotros.

Cuando estuve lejos de ti me di cuenta de lo mucho que te necesitaba. Hubo días en los que hora tras hora a ti te recordaba. No podía quitar de mi mente tu bella mirada y anhele volver a verte, desde lo más profundo de mi alma.

Un día traté de hablarte y con mucho miedo te envié un mensaje y sentí mucho temor de lo que tú pudieras contestarme, mas hablamos tan solo unas palabras y nos despedimos y desde aquel día llegué a pensar que lo nuestro ya estaba perdido.

Hubo días en los cuales me ponía a recordar todas las cosas que hicimos. Pasaron por mi mente cada una de aquellas cosas que nos prometimos y con lágrimas dije ¿Por qué, por qué nada de esto cumplimos? Pues me apenaba saber que perdí a una de las personas a quien más había querido.

Pasado el tiempo llegaron días en los que algo me decía que te hable, mas tuve miedo y no logré al menos una palabra expresarte. Intenté callar a este corazón que no dejaba de mencionarte y quise quitar de mí este inmenso deseo de volver a mirarte.

Un día ya estaba decidido a pedirte que me perdones por todo. Llegué a mi casa con una convicción de decirte que soy un gran tonto.

Quería decirte que cometí más errores de los que cometería cualquier otro, pero que te quiero con todo el alma, mucho más que cualquiera en este mundo. Y de repente paso algo que me dejo muy asombrado: recibí un mensaje tuyo cuando apenas a mi casa había llegado. Me sentí tan conmovido por aquello que había pasado, que alabé a Dios por aquella bendición que me había dado.

Después de aquel día supe que Dios te ha puesto en mi camino, siendo Él el responsable de que continuemos siendo amigos. Y por todo esto le estoy eternamente agradecido, pues considero que con tu amistad mi Dios me ha bendecido.

By: Cristian Flores


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *