Guía práctica para padres de adolescentes – Ayude a su hijo

Guía práctica para padres de adolescentes – Ayude a su hijo

Ayude a su hijo

 

Ayude a su hijo a superar sus propios miedos y a solucionar conflictos

En lugar de –aunque no se dé cuenta– temerle usted a su hijo, ayúdelo a enfrentar sus propios miedos, que los tiene, y muchos. Esos miedos aumentan en la medida en que usted no entrene a sus hijos para enfrentar trabas y situaciones conflictivas que sí o sí se le presentarán en algún momento.

La generación de niños y adolescentes actuales conforman una franja que no sabe solucionar problemas porque los padres lo hacen por ellos. Las depresiones juveniles, tan comunes en esta era, tienen mucho que ver con eso. Es preciso que los padres entrenen a sus hijos en la solución de conflictos, ya desde pequeños, sin importar la edad.

Si el jovencito dejó su almuerzo o merienda en casa por salir tarde para el colegio, no se lo lleve usted a toda velocidad para que no “muera de hambre”. El sonido de su estómago al llegar el mediodía le recordará que debe levantarse más temprano para tener todo listo y no olvidar su comida que, en definitiva, es su propia responsabilidad. Seguro que ya no lo olvidará.

Hijo mío, atiende la instrucción de tu padre y no abandones la enseñanza de tu madre. Proverbios 1:7-8

Comuníquese “a la antigua”, siempre que pueda

Aunque hay ciertas características que se repiten de generación en generación, las condiciones del mundo actual han hecho que los adolescentes deban hacer frente a desafíos específicos, especialmente todo lo que  tiene que ver con la tecnología, que es muy buena en varios sentidos, pero perjudicial en otros. Tanta conexión en el mundo virtual les ha hecho perder la capacidad de comunicarse verbalmente, el contacto directo, la confianza al comunicarse de frente, el significado de los gestos, las miradas.

Por lo tanto, es deber de los padres de hoy seguir ciertas pautas muy sencillas, pero que a veces en la vorágine diaria se olvidan, y eso es un error fatal. Por ejemplo, intente buscar temas de conversación con su hijo sobre temas que no sean demasiado conflictivos (de esos ya se ocupará su hijo en cualquier momento) y no se escandalice por nada de lo que él le diga. Cuéntele sus cosas aunque él no le pregunte o no parezca interesado (en realidad puede ser que esté realmente interesado, pero no se lo demostrará).

No tenga miedo en comentarle que también tiene temores, aunque sin darle sermones teóricos o discursos sobre su propia juventud, porque eso solo generará rechazo. Al contrario, hable mucho menos y escúchelo mucho más. Intente no estar siempre en desacuerdo; al contrario, intente ponerse en el lugar del adolescente, al menos una vez.

Tal vez al principio no obtenga resultados, pero luego de intentarlo varias veces y manteniendo la calma, siendo amable y mostrando siempre una sonrisa, es muy probable que el diálogo florezca o se mantenga si ha tenido la suerte de no perderlo desde que era un niño.

Y jamás inicie una conversación con el adolescente si no está seguro de mantenerla en paz, sin desacuerdos, de principio a fin. Pase lo que pase, y diga lo que diga. Si no está seguro de poder cumplir este proceso, mejor ni le hable.

Hijos, atiendan a los consejos de su padre; pongan atención, para que adquieran buen juicio. Proverbios 4:1 

Otórguele su tiempo, aunque parezca que él no lo desea

Aunque a usted no le parezca, a su hijo adolescente sí le importa que usted pase tiempo con él. Muchos adolescentes parecen estar todo el tiempo pendientes de sus amigos, pero esto no significa que no estén interesados en la familia.
Aunque su hijo parezca no querer y hasta casi evitar a toda costa un tiempo a solas con usted, tómese el momento de recordarle que usted tiene siempre las puertas abiertas para sentarse  a conversar, y que siempre estará disponible si él necesita tratar algún tema en especial. Recuérdeselo a menudo, aunque parezca recurrente.

Y cuando se produzca ese momento de encuentro entre padre e hijo, intente aprovecharlo al máximo y cumpla estrictamente con los siguientes preceptos:

– Préstele atención con mente, cuerpo y actitud.
– Mírelo a los ojos al mismo tiempo que lo escucha. Serénese.
– Intente no interrumpirlo en el preciso momento en que él hace uso de la palabra (o se arrepentirá)
– Pídale que le explique las cosas un poco mejor o más exhaustivamente si no las entiende
– Si usted no tiene tiempo en el preciso instante en que su hijo quiere hablar, y de ninguna forma puede suspender su otra actividad,  defina claramente un momento para escucharlo con toda atención. Y cúmplalo.

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