A los pies de Jesús

¿Quieres estar a los pies de Jesús?

Recuerdas la conocida historia de María y Marta en Lucas 10. Durante sus viajes, Jesús se detuvo en el pueblo de Betania y se quedó en la casa de Marta. Al sentarse a los pies de Jesús, María encontró satisfacción y regocijo. Pero…

En esta historia nos damos cuenta de que Dios da a las mujeres diferentes dones e intereses, pero es evidente que Marta se ajusta a la norma femenina tanto para el tiempo de Jesús como para el día de hoy. Muchos cristianos tenemos los dones de Marta por encima de los dones de María y les ponen una etiqueta a estas mujeres como parte del “material de esposa”.

Marta es consciente de las expectativas culturales de género en ella como anfitriona de Jesús. Ella conoce su lugar y es buena para hacer sus tareas domésticas. Sin embargo, María, la hermana de Marta, también estuvo presente en la casa con Jesús. Por la historia, parece que María tenía una personalidad más “rebelde” que su hermana.

Es probable que María estuviera consciente del lugar y el papel de la mujer en el hogar, al igual que su hermana. Sin embargo, encontró más valor en sentarse a los pies de Jesús que en seguir los roles de género. Ella entendió claramente su valor, valor e identidad en Jesucristo.

Una vez que Marta se dio cuenta de lo que María estaba haciendo, se enojó un poco. Le pidió a Jesús que le recordara a su hermana su lugar. Pero en vez de regañar a María por olvidar el llamado a su “lugar”, Él la alabó:

“Marta, querida amiga, ¡estás tan molesta por todos estos detalles! En realidad, solo hay una cosa por la que vale la pena preocuparse. María lo ha descubierto y no se lo quitaré”.

Ahora, la Biblia no nos dice qué pasó después de eso, pero me imagino que fue algo así como Marta dejando su tabla de picar, y cayendo al lado de María a los pies de Jesús.

Con esto no quiero decir que las mujeres deben abandonar sus quehaceres, todo lo contrario: deben continuar siendo mujeres sabias que edifican su casa, pero hay un momento en el que todos tenemos que reconocer que debemos estar a los pies de Jesús. De hecho, debemos estar siempre a Sus pies.

Lo que ella encontró a los pies de Jesús valía más de lo que todo el dinero del mundo puede comprar. De hecho, al sentarse a los pies del Señor, María encontró algo que millones de personas se la pasan buscando durante toda su vida y nunca lo encuentran. Ella encontró la aceptación y la verdadera satisfacción. Dos cosas invaluables que valen la pena: estar en Su presencia. Es más, si los cristianos pudiéramos aprender el valor de pasar tiempo a Sus pies, muchos psiquiatras y psicólogos tendrían que cerrar sus consultorios. Si estás enfermo o estás pasando por una difícil situación, en 2 Tim. 1:17 Dios nos ha prometido que podemos encontrar descanso a Sus pies.

¿Qué estás esperando? Corre y ríndete a los pies de Jesús.