Jesús es la Fuente Inagotable de Vida

Jesús es la Fuente Inagotable de Vida

Jesús es vida eterna

Se cuenta que Jesús estaba cansado, luego de viajar y predicar el evangelio en Judea, así que se sentó en el pozo para descansar. Mientras estaba allí, una mujer se acercó para sacar agua. La Biblia no dice cómo se llamaba, sin embargo, era una samaritana.

«Dame agua”, le dijo cuando la vio. Los dos personajes comienzan a hablar entre sí: «La samaritana le dijo: «

9 Pero, como los judíos no usan nada en común[a] con los samaritanos, la mujer le respondió:

—¿Cómo se te ocurre pedirme agua, si tú eres judío y yo soy samaritana?

» (Juan 4:9).

La samaritana, obviamente, no estaba entendiendo lo que Jesús le estaba diciendo. No tenía idea de con quién estaba hablando y mucho menos lo que Jesús le estaba ofreciendo.

Jesús es el manantial de vida eterna.

Porque el agua que Él nos da es agua de vida. Tenemos que hacer una aclaración, la samaritana le contestó ¿Cómo se te ocurre pedirme agua, si tú eres judío y yo soy samaritana? Para entender su respuesta, hay que saber por qué hizo la pregunta. Como los judíos y los samaritanos se habían tratado mal durante mucho tiempo, cuando el rey de Asiria se apoderó del reino del norte de Israel y trasladó ahí a la mayoría de los judíos, permitió que gente de otros pueblos poblaran las ciudades samaritanas.

Pero Jesús tenía un propósito para esta mujer. A lo largo del tiempo, personas de diferentes razas y religiones se han mezclado entre sí. Cuando los judíos regresaron de Babilonia 70 años después y comenzaron a reconstruir el templo, los samaritanos se opusieron porque ya tenían un templo en Samaria (Segunda de Reyes 17:24-41).

Pero Jesús tenía un plan para salvar a esta mujer, y por eso pasó por ese lugar. En aquella época, los judíos solían tomar el camino más largo hacia Galilea para evitar pasar por la zona samaritana, precisamente para evitar problemas.

Entonces, Jesús dijo: «

10 —Si supieras lo que Dios puede dar, y conocieras al que te está pidiendo agua —contestó Jesús—, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua que da vida» (Juan 4:10).

Al final de relato, la mujer le dice: “15 —Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni siga viniendo aquí a sacarla”.

Jesús es el único que puede darnos de esta agua única, maravillosa

Jesús es el único que puede darnos el agua que da vida porque Él es un suministro inagotable. Jesús dijo: “Nunca más tendré sed si bebes de esta agua» (Juan 7:37-39). Debido a que el agua que Él da es el agua de la vida eterna, la que sacia toda necesidad humana.

Dijo: «Daré a los que tengan sed de la fuente de agua de vida» (Apocalipsis 21:6). Esta invitación es para todos.

Jesús es la fuente inagotable de sabiduría, poder y amor

Jesús siempre afirmó que su Padre era la fuente de su poder y conocimiento. Durante la Fiesta de los Tabernáculos, Jesús fue al templo a enseñar:»… mi doctrina no es mía, sino del que me envió… El que habla por sí mismo, busca su propia gloria; mas el que busca la gloria del que lo envió: Este es verdadero, y no hay en él iniquidad” (Juan 7:16, 18).

El corazón de Jesús es el corazón del amigo más fiel, el corazón del mejor amigo.

Jesús ofrece esperanza y perdón a todos los que creen en él

La misericordia del Señor es incomparable, porque, aunque seamos pecadores, Él toma nuestra mano y nos acoge en su rebaño, perdonándonos todos nuestros pecados. Lo mismo sucede en esta hermosa parábola del hijo pródigo, nuestro Señor Jesucristo que nos da grandes lecciones sobre el amor y el perdón.

Jesús es el camino perfecto para encontrar la salvación

Jesucristo es la luz del mundo, la fuente de vida y salvación para todos los que creen en él. Debemos vivir vidas rectas y dar un ejemplo al mundo. Vive en santificación, cumpliendo sus designios y mandamientos. Envía un mensaje de amor a la humanidad a través de la Palabra de Dios.

Jesús es el Dios-hombre perfecto que traerá el reino eterno de Dios tanto a judíos como a gentiles.

Jesucristo es el principio, el centro y el final de todo nuestro camino de vida, y el principio, el centro y el final de toda la humanidad. Proclamar a Cristo nuestro Rey es proclamar su soberanía, su gobierno, su soberanía sobre nosotros. Soberanía sobre el madero de la cruz desde que nos libró de las tinieblas del pecado y de la muerte.