El propósito de las emociones: Lo que Dios quiere que sepas

El proposito de las emociones

Cuando estamos felices, emocionados o contentos es porque nuestro cerebro está procesando emociones positivas. En cambio, cuando nos sentimos tristes o ansiosos es porque en nuestro cerebro se procesan emociones negativas.

Todos pasamos por altibajos en la vida y en nuestro día a día, dependiendo de lo que ocurra a nuestro alrededor, o de cómo nos sintamos en un momento dado, experimentamos diversas emociones que acaban afectando a nuestras acciones y rendimiento.

¿Cómo ocurre esto? ¿Cómo consiguen algunas personas gestionar con éxito su respuesta emocional ante diferentes situaciones? La respuesta está en las Escrituras, pero es bueno entender cómo procesa el cerebro las emociones y qué se puede hacer para gestionarlas si se nos van de las manos.

¿Qué son las emociones?

Las emociones son un conjunto complejo de sentimientos que se asocian a estados de ánimo, pensamientos y comportamientos. Cada emoción provoca un sentimiento específico en nuestro cuerpo y nuestra mente.

Las emociones son acontecimientos tanto físicos como mentales. Pueden ser desencadenadas por algo que ocurre en nuestro entorno externo o por algo que ocurre dentro de nuestra propia mente. Esta respuesta física a las emociones se conoce como respuesta de «lucha o huida». Es decir, nos prepara para luchar contra el problema o huir de la situación.

De hecho, pueden ir desde sentimientos de amor o alegría hasta sentimientos de ira o tristeza. Cada emoción está asociada a un sentimiento específico que se desencadena en nuestro cuerpo y nuestra mente. Estos sentimientos desempeñan un papel crucial en nuestras relaciones, nuestro trabajo y nuestra salud en general y espiritual.

Lo que sucede cuando las emociones nos arropan

Cuando las emociones se apoderan de nosotros, podemos ver cómo perdemos el control. Nos tiemblan las manos, la voz… comenzamos a sudar y nos bloqueamos. No somos capaces de pensar en otra cosa.

Sin embargo, las emociones son esenciales para vivir. Son algo maravilloso que Dios nos ha dado para que estemos conectados con Él y con todo lo que nos rodea. Si no fuera por las emociones, seríamos incapaces de experimentar todo lo que ocurre a nuestro derredor. No podríamos ni siquiera disfrutar del magnífico diseño que nuestro Señor nos ha dado como regalo.

Tristemente, nuestras emociones han sido corrompidas por el pecado. Como consecuencia, este busca controlar lo que sentimos. Es por eso que no podemos controlar muchas veces las emociones, lo que podría involucrarnos en acciones de las que luego no nos sentiríamos luego muy orgullosos.

No obstante, no solo las emociones negativas pueden ocasionarte un problema, también las emociones positivas pueden ponernos en aprietos. He presenciado escenarios en los que personas están muy felices y contentas y prometen cosas que luego no pueden cumplir. Es decir, también podemos ser arrastrados por sentimientos demasiado positivos, por lo que es buena idea siempre tratar de encontrar un equilibrio.

El conocimiento es poder

Cuando se trata de sentimientos y emociones, se dice que las personas que son más conscientes de lo que sienten están más en contacto con sus emociones que las que no son conscientes.

Estar más en contacto con tus emociones puede ayudarte a comprender mejor tus reacciones ante diferentes situaciones; también puede ayudarte a gestionar más eficazmente tus emociones para conseguir mejores resultados en tu vida diaria. La Biblia nos invita a examinarnos a nosotros mismos.

 Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados? 2 Corintios 13:5.

Conocer las emociones, cómo se procesan y qué se puede hacer para gestionarlas, puede ayudarle a enfrentarse a diferentes situaciones de su vida de forma más eficaz.

Cómo puedes controlar tus emociones y así vencer el pecado

Cuando sentimientos de ira, tristeza, dolor, celos o ansiedad se apoderen de ti, recuerda que eso que sientes en ese momento está tratando de que pierdas la cabeza. Lo mismo sucede cuando sientes alguna emoción considerada positiva. Cualquiera de las dos puede hacer que pierdas el enfoque, que pierdas el control.

La buena noticia es que, es posible controlar eso que sientes. Cuesta al principio, pero luego puedes llegar a controlar tus emociones si dejas que la fuerza de Su santo Espíritu sea quien se encargue.

El Espíritu Santo nos ayuda a prestar atención a nuestras emociones, especialmente a las que pueden ser perturbadoras, poco edificantes o inútiles. En el proceso de atender a nuestras emociones, descubrimos más sobre nosotros mismos y sobre los demás para poder amar más plenamente, como Cristo nos ama.

La palabra «atender» es un verbo activo que significa escuchar atentamente y con atención. Atender a algo significa que se concentra la mente en ello de forma activa. No se trata simplemente de que estalles y luego tu vida siga de largo, como si nada. Más bien se trata de concentrar toda la atención en lo que está pasando.

Por fortuna, el Espíritu Santo nos enseña a atender a nuestras emociones y el papel que estas desempeñan en la formación de la fe, la vida espiritual y la misión.

¿Cómo nos ayuda el Espíritu Santo a atender nuestras emociones?

El Espíritu Santo nos ayuda a prestar atención a nuestras emociones a través de los dones del Espíritu. Hay dos dones que nos ayudan especialmente en este sentido:

El don de discernimiento, que nos permite ver la realidad tal y como es, y el don de comprensión, que nos permite entender el sentido y el significado de lo que vemos.

El don de discernimiento nos ayuda a atender nuestras emociones al permitirnos ver nuestras emociones con precisión. Podemos tener la tentación de interpretar mal nuestras emociones o ignorarlas por completo.

Es algo maravilloso. El don de discernimiento nos permite ser conscientes de nuestras emociones tal y como son, sin exagerarlas ni minimizarlas.

Asimismo, el don de comprensión nos ayuda a atender nuestras emociones permitiéndonos ver su significado. Necesitamos comprender el significado y la importancia de nuestras emociones si queremos utilizarlas sabiamente.

Cuando nuestra carne trata de callar al Espíritu Santo

Tenemos que estar claro en que la sabiduría y el discernimiento del Espíritu Santo pueden ser dominados por las exigencias de nuestras emociones, ahogando su voz.

Vivir en la carne, como lo expresa la Biblia, no agrada a Dios. Dios no ve con agrado el comportamiento carnal, por lo que no lo acepta. Nos ama, pero simplemente no le agrada nuestro pecado. Sin embargo, una vez que conoces el funcionamiento de los sentimientos, es posible superarlos.

Si fortalecemos nuestro espíritu pasando tiempo con Dios, podremos ser capaces de resistir, de poder controlarnos. Lee la Biblia hoy para fortalecer tu espíritu y poder superar tus emociones.

Ora en todo momento, bueno o malo

No tienes que hacer una oración larga, una súplica corta, bastará. Cuando comiences a sentir esos sentimientos feos, solo tienes que decir: «Señor, ayúdame». El Espíritu Santo te dará el aviso de cuándo las cosas se están saliendo de control, ya sea positiva o negativa la emoción que estás experimentando en ese momento. Sentirás esa campanita interna que te dirá que ya es suficiente.

Si estás feliz, agradece. Sigue confiando en su dirección, pues te has instruido a través de su Palabra y conoces ya cómo funciona un corazón agradable a nuestro Señor.

Conclusión

El Espíritu Santo nos ayuda a prestar atención a nuestras emociones permitiéndonos ver la realidad tal y como es y comprender el sentido y el significado de lo que vemos.

Cuando atendemos a nuestras emociones, descubrimos más sobre nosotros mismos y sobre los demás, y es más probable que seamos capaces de utilizar nuestras emociones con sabiduría.

Por último, el Espíritu Santo nos ayuda a prestar atención a nuestras emociones a través de la oración, la lectura de Su Palabra y nuestra confianza en Él. Podemos vencer y tomar control de lo que sentimos, pero es necesario hacer todo esto para que Cristo crezca en nosotros y podamos vivir una victoriosa.