¿Puede Jesús salvarte?

Recuerda que no importa cuán alta sea la montaña que estés escalando en tu vida en este momento, Jesús PUEDE ayudarte a subirla.

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:4-5).

Nuestra comunidad ha crecido, hemos sido muy bendecidos. Hoy es un buen día para agradecerle a Dios el habernos inspirado a “fortalecer nuestra fe” y formar este grupo de guerreros en la oración para animarnos los unos a los otros; incluso en momentos en el que las cosas parecen haber empeorado.

“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando su oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2).

Sé que muchas veces, al pasar por momentos difíciles, te preguntas si Jesús te puede sacar de ese atolladero. Solo ves que el problema es tan grande que no hay manera de salir de él. Además, muchos creen que son tan pecadores que no merecen ser ayudados. ¿Sabes qué? Tienes razón. No merecemos nada, pero Jesús puede ayudarte, puede salvarte. Él puede perdonar tus pecados, abrirte las puertas correctas y cerrar aquellas que serán de perdición.

Si usted dobla su rodilla ante Jesús, su vida nunca será la misma. Cuando miro las cosas que pasan en el mundo, cosas tan dantescas que me desconectan por completo; recuerdo que el Señor Jesucristo me dio una vida nueva. Él ES mi vida. Él y yo tenemos una relación, pero lo más maravilloso de todo es que tú también puedes tener esa comunión, esa relación personal con nuestro Señor Jesucristo.

Ahora bien, ¿Jesús te ha salvado?

He visto muchos testimonios de cristianos cuyas vidas no concuerdan con su caminar con Jesús. Se jactan de decir que son salvos, más su vida cuenta otra historia. ¿Estás reflejando la luz de Cristo?

Si dices que eres salvo, absolutamente vas a reflejar a Cristo en tu vida. Vas a estar guardando Sus mandamientos de Dios. Pero no guardas estos mandamientos para ser salvo: guardas los mandamientos porque eres salvo por Su gracia.

Muchas veces vamos a caer, pero Dios nos levantará. Claro, no podemos caer en un circulo vicioso en el que caemos y pedimos luego que Dios nos levante. “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. No olvides que nuestro Padre amoroso fue quien nos hizo libres. Tu liberación debe ir en aumento hasta que llegues a ser como Él te creó. Esfuérzate cada día en ser más semejante a Él.

Por otro lado, además de la raíz de nuestra creencia, sólo necesitamos mirar el fruto de nuestro comportamiento para saber si somos o no verdaderamente salvos. ¿Qué ha hecho Jesús en mí? ¿Todo esto es sólo un ejercicio intelectual o ha habido un cambio en mi vida? El apóstol Juan es muy práctico aquí. Él nos muestra cómo nuestra salvación debe reflejarse en nuestro comportamiento.

Haz conmigo esta oración:

“Oh, Dios mío, confieso que soy un pecador, y estoy perdido:  necesito ser salvado. Sé que no puedo salvarme a mí mismo, así que ahora mismo, de una vez por todas, confío en que Tú me salvarás. Ven a mi corazón, perdona mis pecados y hazme tu hijo. Te doy mi vida. Viviré para Ti. Ayúdame a vivir una vida agradable para Ti, como un perfume a tus pies.

Por Jesucristo, nuestro Señor, amén.