Sobre toda cosa valiosa debes de cuidar tu corazón

El corazón alegre hermosea el rostro; Mas por el dolor del corazón el espíritu se abate. Proverbios 15:13

Hace varios años, un amigo me pidió que lo acompañara a visitar un hogar formado por dos señoras y su madre anciana que atravesaban por ciertos problemas. Yo estaba siendo entrenado en consejería especial a mis 19 años y esta visita era parte de mi aprendizaje.

El motivo era escucharlas, orar con ellas y tratar de darles un consejo bíblico sobre algunos asuntos legales que se les habían venido encima de repente.

Mi amigo, abogado de profesión y consejero, no alcanzó a darme más información antes de llegar, así que prácticamente yo no sabía los asuntos que ellos tratarían.

Nos abrió la puerta una mujer muy elegante de alrededor de 45 años. Una gran sonrisa radiante y alegre, modales muy finos, muy amable, su nombre era Artemisa.

Nos pasó a la sala, nos ofreció algo de tomar, café, agua, nosotros optamos por café.

Artemisa inició la plática sobre temas triviales y ella se reía de manera muy alegre con algunos comentarios que se hacían, tenía muy buen sentido del humor.

Le platicó a mi amigo acerca del problema que estaban teniendo:

Una prima de su madre les había “robado” prácticamente unos terrenos usando documentos falsos. Esos terrenos eran parte de su patrimonio y no querían quedarse mirando y con los brazos cruzados.

Tenían que hacer algo, pero a la vez sentían algo de culpabilidad, ya que pues, eran familia y Artemisa, su hermana y su madre eran mujeres de mucha fe y no querían litigar en contra de nadie.

Cuando nos refugiamos en Dios

Estuvimos hablando unos 20 minutos acerca del asunto.

En todo este tiempo yo estaba callado, solo escuchaba, pero estaba impresionado por el carácter alegre y optimista de esta mujer. Realmente se me hacía difícil pensar en que ella, con esa alegría, esa positividad, tuviera que andar en asuntos de abogados y cortes.

Unos minutos después, entra a escena su hermana, se disculpó brevemente por la tardanza, pero había tenido una complicación en una clínica con su madre, a quien llevó directamente a su habitación.

Sandra, así se llamaba, venía que explotaba de coraje.

Empezó a lanzar quejas y algunas palabras un poco agresivas contra los médicos y enfermeras de esa clínica.  Después de que la escuchamos unos minutos, su hermana le comentó que ya nos había explicado el asunto legal.

Parecía que habían detonado una bomba, Sandra empezó a lanzar maldiciones e insultos contra esos miembros de la familia que estaban robando su patrimonio.  Su manera de expresarse era de amargura e ira.

Su hermana interrumpió y se cambió el tema a otros asuntos. Artemisa, a pesar de oír los gritos y ver la actitud de su hermana, nunca cambió su sonrisa. De hecho, le pidió a Sandra dos o tres veces que se calmara.

Pero algo me quedó claro, en cualquier tema en que se desviara la conversación, Artemisa siempre tenía algo dulce y bueno que decir del asunto y Sandra siempre tenía un punto de vista frustrado, amargado.

La verdad, yo era el más joven de todos ahí, no entendía muchas cosas, solo acompañaba a mi amigo, pero me empecé a sentir mal, hasta nauseas me dieron de escuchar a Sandra.

Era terrible su actitud hacia todo. Muy negativa, vengativa, iracunda.

Mi amigo les dio su punto de vista, les habló de los aspectos legales del asunto y les mostró algunos versículos bíblicos acerca de pelear o no pelear legalmente esos terrenos.

Al final, les señaló que la decisión era de ellas y que mientras actuaran con honestidad, sin tomar ventaja ni decir mentiras o falsificar documentos, Dios las apoyaría en cualquier decisión que tomaran.

Oramos, nos ofrecieron que nos quedáramos a la cena, pero desistimos, ya que teníamos un compromiso al otro lado de la ciudad.

Al estar ya en el auto, mi amigo me empezó a contar la historia de estas hermanas. No era un secreto, era algo público, el padre de ellas había sido muy rico, fue un político y empresario reconocido en la ciudad.

Ambas hermanas sufrieron bajo un padre ausente y demasiado estricto, pero que una de ellas, desde los 10 años de edad hasta los 16, había sufrido abuso sexual, físico y mental de parte de un hermano de su padre que vivió en la casa con ellos.

Eso fue noticia pública, ya que su madre al descubrir el crimen, se enfrentó al hecho de que la policía no haría nada en contra de ese perverso porque era pariente del poderoso político local. El padre de la niña, quien, en vez de aplicar la ley, lo protegió y expuso a su propia esposa e hija como mentirosas.

Había pruebas médicas y otro tipo de pruebas que demostraban que el abuso era real, pero ninguna persona de autoridad hizo nada para que el crimen fuera castigado. Aparentemente el abusador, continuó su carrera de abuso con otras jovencitas durante muchos años más.

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Al final, ese hombre no recibió ningún castigo: la madre y sus dos hijas se mudaron al extranjero y regresaron años después. Tanto su padre como su hermano ya habían muerto. Ahora ellas tenían que administrar los bienes que su padre había dejado, pero, se perdieron varias cosas y otros miembros de la familia se apropiaron de otras.

Le comenté a mi amigo que era evidente quién era la que había sufrido el abuso: Sandra obviamente, su actitud era terrible, de sus labios salían palabras de amargura, de sus ojos emanaba una luz de odio, tenía unos ojos verdes penetrantes; pero te miraba y parecía que te partiría el alma en dos. De hecho, de momento hasta tuve dudas de su salud mental y espiritual.

Para mí era obvio que tantos años de abuso le habían causado ese odio y que aún no había sanado de eso a pesar de ser una mujer de fe.

Mi amigo se me quedó mirando, sonrió y me dijo: «no, no estás equivocado, la que sufrió el abuso fue Artemisa y tampoco es un secreto porque ella misma ya ha dado testimonio de eso muchas veces».

Pero, yo no podía creerlo. Artemisa tenía una actitud tan dulce, tan alegre, tan, tan…como la de Cristo, un corazón humilde y sencillo que te inspiraba paz. Era imposible, para mí, que Artemisa hubiese sufrido tanta violencia y tuviera esa forma de ser tan linda, comparado con su hermana Sandra que, según mi amigo, también había tenido una vida normal, menos “violenta”. Dos hijos estudiando en el extranjero, ella misma había estudiado en una universidad famosa, una dama de grandes dones y talentos, reconocida en la sociedad por su filantropía.

En cambio, Artemisa, no tan solo sufrió abusos, sino también dos matrimonios fallidos, un hijo que nació con parálisis cerebral, otro hijo que tuvo problemas con las drogas, pero que ya estaba alejado de ellas. También había heredado riquezas de su padre y parientes, aunque perdió casi todo por malos manejos de sus exmaridos.

Sin embargo, Artemisa a pesar de tener una vida turbulenta y algunas personas decían que vivía de fracaso en fracaso, tenía una actitud excelente hacia la vida.

¿Cuál era la razón?

Mi amigo me dijo que Artemisa dijo públicamente que un día había decidido perdonar a su abusador, a su padre por haber “ignorado” el abuso y a la gente que les hizo daño.

Ella se aferró a seguir a Jesús y poner en práctica su palabra, el perdón, la gracia, el tratar a los demás como nosotros queremos que nos traten, etc.

En cambio, Sandra, a pesar de que también decía ser una mujer de fe, en vez de perdonar muchas ofensas que también sufrió (aunque no tan terribles como las de su hermana), fue acumulando rencor y odio y tal vez en su corazón no había aún ese entendimiento completo de lo que es el amor de Dios y cómo podemos ser transformados cuando realmente creemos en su palabra.

La importancia del arrepentimiento a la luz del perdon de Dios

Tal vez pudiéramos debatir este tema, de cuales sean las razones y los porqués. Pero, recuerdo que en los años que han pasado después de conocer a esas mujeres, me he encontrado con personas similares, que sufrieron mucho, en cambio optaron por el camino del perdón y otras que no han sufrido nada comparadas con las otras. Sin embargo,han optado por el camino de no perdonar, no valorar a nadie, tener una opinión de sí mismas mayor a la que realmente debe de ser, tratar a los demás con altanería, etc.

Si tú, amado lector, me dices que es difícil perdonar te daré la razón. Es muy difícil.

Pero si nos ponemos en las manos de Dios este día y le creemos cuando nos dice que para él no hay imposibles, entonces podemos caminar por fe, pedirle ayuda y consuelo diario para que podamos sanar completamente y podamos perdonar.

No dije olvidar, dije perdonar. Olvidar, creo que sí es imposible a menos que sufras de amnesia. La memoria o la sensación de dolor que emana de la herida siempre estará ahí.

Es complejo este asunto de perdonar, sobre todo, en casos tan graves. Pero podemos ser libres de toda amargura y actitud negativa y pesimista que nos trae la falta de perdón, si nos ponemos en las manos de Cristo Jesús.

La Biblia dice: Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón porque de él mana la vida.

El consejo es claro, sobre todas las cosas valiosas que poseas, que cuidas, que vigilas y de las cuales estás pendiente para que nadie te las robe, te las eche a perder, te las destroce, te las cambie por otras, etc. Sobre todo, eso, lo más valioso es tu corazón.

El contexto de las Escrituras nos da a entender que este versículo está usando al corazón como ejemplo, pero el significado real es espíritu, alma, mente.

Nuestro problema es que no nacemos con las instrucciones en la mano de lo que deberíamos de hacer o no hacer y casi no hay nadie a nuestro alrededor que nos muestre con el ejemplo, como se debe de «guardar el corazón».

Debemos cuidar lo que oímos, miramos y las ideas que permitimos dentro de  nuestra mente. Debemos de rechazar acciones que vayan en contra de la palabra de Dios y debemos tener claras las palabras de Jesus, por ejemplo: Perdonar para ser perdonados, pero también perdonar para ser libres de resentimientos y emociones negativos.

El secreto de la libertad no está en cuantos versículos bíblicos conozcamos sino en que tengamos fe en que Dios puede y quiere cambiarnos. Si tu deseas dejar atrás toda emoción negativa que esta arruinando tu vida, y si crees que Dios puede hacerte libre: asi será. Va a tomar tiempo, vas a pasar etapas difíciles, pero Dios estará siempre contigo.Yo le creo a Dios