El Padre Dio Todo Para Recuperarte y Dará Todo Para Socorrerte

El Padre Dio Todo Para Recuperarte y Dará Todo Para Socorrerte

En la era del «tanto tienes, tanto vales» es difícil separar valor de precio, beneficio de virtud e importancia de conveniencia. Es frustrante mirar cómo intentan vendernos medidas corporales «perfectas», adquisiciones innecesarias y vidas absolutamente superficiales. Y nos miramos tan distintos a esa estampida de mensajes de los medios que, en la debilidad, nos sorprendemos meditando en que quizás no somos tan especiales. Olvidando que, a un alto precio, fuimos comprados.

La historia del mercader

Un mercader de lino le obsequió un precioso «dije» de león a su pequeño hijo. No era caro, pero sí muy hermoso. Su madre se lo guindó a un collar que este portaba a diario.

Cierta vez, en un viaje de camino a Beirut junto a su padre, el carruaje perdió el control, fue a dar contra unas piedras y allí se perdió el colgante. No dio tiempo de buscarlo. Salieron tan malheridos, que quién los auxilio solo se preocupó por llevarles a la ciudad más cercana para que les atendiesen.

El padre murió a los pocos años y el niño también se hizo mercader, pero en su caso de piedras preciosas. En eso andaba cuando, en un pequeño almacén en «La Medina», reconoció un colgante: el que su padre le había obsequiado años atrás. Lo buscó por mucho tiempo. Estaba seguro de que era el mismo. Se hallaba a la venta. No fue necesario ni preguntar el precio. Tiró al dueño del establecimiento todo el dinero que llevaba y lo recuperó para sí.

Dios es como ese mercader del que te hablo. Te busca a diario incansablemente. Eres su «dije» especial. Te lo dice a través de su creación, cada vez que respiras y en el fragor de esos días en los que no te sientes para nada valiosa (o). Te ama tanto que dio lo que mejor tenía para tenerte. «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16).

Cuidado con la opinión de los demás

Hay varias razones por las que la gente tiene miedo al rechazo. Es una respuesta natural a la negativa de alguien que todavía no te conoce bien. La naturaleza humana nos obliga a dar lo mejor de nosotros mismos cuando conocemos a alguien nuevo, por lo que puede resultar estresante que la primera impresión no sea la esperada.

El rechazo duele, pero no es el fin del mundo. Para salir de tu zona de confort y llevar una vida más gratificante, tienes que ser capaz de aceptarlo y seguir adelante.

De modo que no des oído a la opinión de los demás, que solo nos importe la de Él. «Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres» (1 Corintios 7:23). Y eso incluye desechar los odiosísimos criterios de algunos o de todos: que si eres muy flaco (a), bajo (a), pobre, iletrado (a), que se te fue la vida, con objetivos por demás de inalcanzables, feo (a), frustrado. Cuando las oigas, recuerda: eres Su «dije» especial.

Conclusión

Estimado (a): El Padre dio todo para recuperarte y dará todo para socorrerte. «Pídeme, y te daré por herencia las naciones, Y como posesión tuya los confines de la tierra» (Salmos 2:8). Quizás nos hallemos perdidos entre el sin fin de piezas que intentan poner a la venta, valuados por los que nada saben; sin embargo, alguien nos ama y dará todo por ti y hasta naciones por tu rescate. «Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida» (Isaías 43:4).

Tenlo presente cuando el desanimó toque a tu puerta o la superficialidad, cuando te sientas inferior o en desventaja por tus convicciones o si alguno llegara a etiquetar tu precio. ¡Eres invaluable! Perla preciosa para Dios (Mateo 13:45,46). Porque por gran precio, antes de que naciésemos, fuimos pensados, amados, comprados y, al fin, recuperados.