Deja que Dios te cure

Deja de que Dios te cure

Cuando éramos niños y nos pasaba algo, corríamos asustados a los brazos de aquellos con quien nos sintiéramos más protegidos buscando consuelo. Bien sea familiares o amigos, eran el remedio ideal para nuestros tantos desasosiegos. Sin embargo, hay heridas que el hombre no puede curar, por eso nos refugiamos en Dios quien es nuestro sanador por excelencia.

Al oír esto, Jesús les contestó: No son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos (S. Mateo 9:12)”.

Deja que Jesús cure tus heridas

El ser humano siempre tiene algo que sanar, no precisamente hay que estar enfermo para sentirnos heridos por dentro y son esas heridas sentimentales las que Jesús quiere limpiar “Restaura a los de corazón quebrantado y cubre con vendas sus heridas” (Salmo 147:3).

Aflicción, angustia, miedo y dolor son emociones negativas que experimentamos producto de las circunstancias de la vida y nos hacen perder la esperanza, sin embargo, no debemos perder la alegría, pues solo así podremos guardar nuestro corazón de hacer y hablar maldad, lo cual desagrada a Dios “Gran remedio es el corazón alegre, pero el ánimo decaído seca los huesos” (Proverbios 17:22).

Tienes que dar un salto de fe

Hay muchos recuerdos dolorosos que arrastramos a lo largo de la vida. Estos recuerdos pueden provenir de una ruptura especialmente dura, de la muerte de un ser querido o de otra fuente de dolor.

Aunque no es fácil sanar de estas experiencias, hay esperanza. La Biblia tiene muchos ejemplos de personas que experimentaron dolor y encontraron sanación al confiar en Jesucristo.

Sabemos que no es fácil dar ese tipo de salto – pero para aquellos que están dispuestos a poner su confianza en Él, Él los encontrará donde están y los guiará a través del proceso de sanación. Veamos algunas formas en las que puedes dejar que Jesús sane tus heridas del pasado.

Perdonarse a sí mismo y a los demás

Hay una gran diferencia entre perdonar y olvidar. Tienes que reconocer plenamente lo que pasó y por qué te dolió tanto, pero luego debes elegir dejarlo pasar.

Es posible que necesites la ayuda y la orientación de un consejero o un pastor para recorrer este proceso, pero es necesario para que se produzca la curación completa.

Puede que no seas capaz de perdonarte a ti mismo por los errores del pasado, pero Jesús está dispuesto y es capaz de perdonar todos nuestros pecados si se lo pedimos.

Clama a mí, yo te responderé

Si hoy sientes que necesitas curar algún ámbito de tu vida en el que aún no has podido pasar la página, enmienda tu error para que puedas ser sanado, recuerda al que hace bien y llama Dios prontamente le contestará “Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados. La oración del justo es poderosa y eficaz” (Santiago 5:16).

Para que nuestra sanidad no se vuelva pasajera seamos sinceros primero con nuestro padre Celestial y después con nuestros semejantes, a fin de que podamos convivir contentos y agradecidos del Señor” Sáname, Señor, y seré sanado; sálvame y seré salvado, porque tú eres mi alabanza” (Jeremías 17:14).

Él nos ha dado demostrado su gran amor

Demostrar amor es lo más gratificante que hay, es el remedio ideal del alma, es por eso por lo que Dios dio su vida para lavar nuestros pecados y que por medio de sus llagas fuéramos nosotros curados “Él mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanados” (1 Pedro 2:24).

Jesús por medio del sacrificio nos garantizó salvación eterna. Sin embargo, tenemos que mantenernos en rectitud a fin de que no perdamos su redención “Yo soy el Señor su Dios. Si escuchan mi voz y hacen lo que yo considero justo, y si cumplen mis leyes y mandamientos, no traeré sobre ustedes ninguna de las enfermedades que traje sobre los egipcios. Yo soy el Señor, que les devuelve la salud” (Éxodo 15:26).

Conclusión

Curar es revivir. Cuando estamos enfermos antes de creer que sanaremos lo primero que se nos cruza por la mente es que moriremos, y es justo por eso que Dios quiere que le creamos para rescatarnos de la muerte y ¿cómo hacerlo? Escudriñando su palabra “Envió su palabra para sanarlos, y así los rescató del sepulcro” (Salmos 107:20).

Por eso, no permitas que tu fe se enfríe y disminuya. Cree con toda tu alma y corazón para que puedas amar de verdad, practiques la justicia, encuentres la paz, fortalezcas espíritu y puedas curar tu alma.

Medita en la verdad de que Jesús te ama. Jesús lo sabe todo sobre ti. Ha visto todo lo que has hecho, y aun así te ama completamente, incondicionalmente y eternamente.

Es verdad. No importa lo que hayas hecho o dónde hayas estado, Él te sigue amando.  Cuando te sientas abrumado por el dolor, recuérdate que Jesús te ama. Su amor no está condicionado por tus logros o por lo bien que sientas que lo has hecho. Su amor es un amor incondicional e ilimitado que quiere sanar y transformar tu vida.