Somos personas ordinarias amadas extraordinariamente por Dios

El amor de Dios

Muchas veces nos ha venido a la menta la gran duda de si “seremos amados o no” por Dios. Muchas veces estos pensamientos han venido como consecuencia de que otras personas nos hecho sentir que no valemos y, por ende, llegamos a pensar que tal vez ni a Dios le importamos.

Pero hoy quiero que sepas que Dios te ama y que él está interesado en tu vida. Te ama tanto que hizo todas las cosas que puedes ver con tal de que tú lo puedas apreciar y darte cuenta a través de estas cosas del gran amor de Dios.

Este devocional lo haremos, según el Salmo 8, que es un salmo en el que el rey David habló acerca de este tema. Espero que sea de bendición para tu vida.

“¡Oh, Jehová, Señor nuestro,
Cuán glorioso es tu Nombre en toda la tierra!
Has puesto tu gloria sobre los cielos;
De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza,
A causa de tus enemigos,
Para hacer callar al enemigo y al vengativo” (Salmos 8:1-2)

Tenemos un Dios grande, un Dios glorioso y muy poderoso. Es él mismo que creó los cielos y la tierra. Sin embargo, a pesar de ser tan grande, él nos ama. Aun siendo nosotros tan pequeños, nos ama.

Pero lo que Dios busca es que tengamos corazones como los corazones de los niños, corazones dispuestos a perdonar y muy sensibles ante Su Presencia.

 

“Y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos».

(Mateo 18:3)

 

Los niños parecen tener la facilidad de confiar en Dios y alabarlo sin dudas ni reservas, pero a muchos de nosotros, con el paso del tiempo, se nos hace más y más difícil hacerlo. Pídele a Dios que te dé fe como la de un niño y que elimine cualquier obstáculo que te impida caminar cerca de él.

 

“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,
La luna y las estrellas que tú formaste,

4 Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria,
Y el hijo del hombre, para que lo visites?

5 Le has hecho poco menor que los ángeles,
Y lo coronaste de gloria y de honra”.

(Salmos 8: 3-5)

 

Cuando vemos la inmensidad de Dios nos preguntamos cómo es posible que Dios pueda interesarse en simples mortales, cómo es que un Dios tan grande, tan bueno, tan majestuoso pose su mirada sobre nosotros. Y no solo nos mire, sino que también nos cuide. Por eso, la próxima vez que pongas en duda tu valor como persona, recuerda que Dios te considera muy valioso.

Tenemos un gran valor, pues a nosotros nos dio su soplo de vida, a diferencia de los animales. Mejor dicho: nos transmitió algo de sí mismo para hacernos mucho más especiales, así que no tengamos temor de lo que otros piensen o digan de nosotros, pues valemos mucho porque Dios puso su Espíritu en nosotros.

Obviamente, no es que te “vale” lo que piensen los demás, me refiero a lo mucho que nuestro Señor te ama. Como cristianos, tenemos que ser un testimonio viviente de esta realidad.

No te sientas menos que nadie, no eres insignificante, ¡Dios tiene un amor especial por ti!

Dios tiene los cabellos de nuestra cabeza contados, tiene nuestras lágrimas en sus manos, nuestro corazón en el suyo, y con todo lo que ve en la creación, nos quiere a ti y a mí.

 

“Ovejas y bueyes, todo ello,
Y asimismo las bestias del campo,

Las aves de los cielos y los peces del mar;
Todo cuanto pasa por los senderos del mar.

¡Oh Jehová, Señor nuestro,
Cuán grande es tu nombre en toda la tierra!”
(Salmos 8:7-8)

 

A pesar de que todos nosotros somos personas normales, el amor de Dios fue mucho más extraordinario. Razón por la cual nos entregó la potestad de y la autoridad de gobernar y señorear sobre los animales y sobre las cosas que han sido creadas, pues el deseo de Dios era darnos todo esto como un regalo y muestra de su gran amor, con el fin de que nosotros lo administremos y lo sepamos cuidar.

 

“Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”.
(Génesis 1:28)

¡Gracias Jesús por dejar tu majestuosidad y venir a morir por simples mortales!
¡Gracias Dios por dar tanto por personas que no lo merecían!
¡Gracias Dios por amarnos tanto!


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