¿Le entregas hoy tu corazón a Jesús? 💝

Tu entendimiento, tu manera de conocer “personalmente” a Jesús, se hace más profunda, cuando por tu propia voluntad le has dado tu vida y tu corazón a Él, a Cristo.

Darle tu vida no significa que te la lleves metido en una iglesia o que dejes a tu familia para entregarte a las actividades religiosas.

Cuando menos no en la mayoría de las personas. Si existen aquellos que lo dejan todo por servir a Dios, pero en el contexto de la biblia, no todos son llamados a ese estilo de vida.

Entregarle tu vida a Jesús es realmente algo serio y real y la biblia nos dice que El Espíritu Santo viene a morar en tu vida y trae cambios tangibles.

Se te empieza a notar que algo está pasando. El aposto Pablo nos dice que “hemos pasado de muerte a vida” y esa vida se manifiesta porque ahora tenemos y sentimos un amor real por nuestro prójimo. Pero esa es solo una de las maneras como se ve la transformación que Dios está haciendo en tu corazón.

Yo uso siempre esta ilustración: Es como cuando una persona toca con su mano el fuego, una llama, un pedazo de madera o papel ardiendo. Observa y verás que todos reaccionan de una manera diferente.

Algunos brincan, otros gritan, otros solo retiran la mano y la sacuden, otros retiran la mano lentamente, otros hasta lloran y piden una ambulancia, etc.

Así también, cuando Dios empieza a cambiar nuestros corazones, todos empezamos a manifestar cambios de manera diferente, primeramente, porque también nuestras emociones están siendo transformadas.

Los que eran extrovertidos, tal vez se vuelvan un poco mas quietos, por el contrario, los introvertidos se hacen mas valientes al hablar en público.

Los temerosos son libres y los que no eran temerosos se vuelven mas “cautelosos”. Los necios se hacen sabios, los sabios se hacen mas prudentes.

Aquellos que tenían vicios, empiezan a dejarlos, algunos de la noche a la mañana, y los que nunca hemos tenido un vicio dañino (yeah, right) empezamos a sentir más empatía y compasión por aquellos que sufren por sus malos hábitos.

Realmente ahora somos nuevas criaturas. «De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura (nueva creación) es; las cosas viejas pasaron, ahora han sido hechas nuevas.» 2 Corintios 5:17

Pero para ser nueva criatura, tienes que tomar la decisión de creer que Jesús dio su vida por tus pecados y que resucitó físicamente de los muertos para darte vida eterna.

Su cuerpo de carne fue transformado en un cuerpo eterno e indestructible y ahora está sentado a la diestra de Dios, preparando el terreno para ese día de su regreso.

Lo que arriba he explicado, o tal vez, mal explicado, son palabras, tan solo palabras. Para muchos que están leyendo, no significan nada más. Lo han oído muchas veces. Ya hasta somos “sordos” e insensibles a esas palabras y significados.

Este es el problema: No existe en nuestro espíritu una revelación real de la relación entre pecado y muerte. Creo que solo hay dos maneras de entenderlo.

Te las voy a decir: Si no estás de acuerdo conmigo, no hay problema. No tienes que creer a todo lo que te digo. Puedes tener otra opinión.

O El Espíritu Santo te revela la gravedad de tu pecado que te va a llevar a la muerte si no te arrepientes y le entregas tu vida a Jesús, o Dios permite que te enfrentes a la muerte por causa de tu pecado y en ese momento el Espíritu Santo te revela la terrible gravedad de tu situación y tu necesidad de darle tu vida a Jesús.

SI nunca has llorado delante de Dios de una manera agonizante, por causa de tu pecado, es mi convicción, de que aún no entiendes realmente todo esto. Es como Job, le dijo a Dios: “De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven” Job 42:5

No es lo mismo oír de Dios que ver a Dios. No me refiero a verlo con los ojos, pero casi. Es una experiencia aterradora porque sabes que hay pecado en tu vida y te mereces la muerte eterna, pero a la vez es una experiencia maravillosa porque es ahí cuando, ya en serio, rindes todo tu ser a Jesús, y reconoces que solo el puede tener el primer lugar en tu vida.

Tal vez para ti amiga, amigo mío, mis palabras son tan solo palabras “religiosas”.

Yo le pido a Dios que El se revele a tu vida de la misma manera que se le reveló al profeta Isaías:

(Isaías 6:1) En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Señor de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, al Dios de los ejércitos. Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado. Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.

Una vez, tu servidor, tuvo una experiencia similar a la del profeta Isaías. No te la voy a contar ahorita, pero, por mucho tiempo yo decía conocer a Dios, traía una biblia bajo el brazo, hablaba de Dios, cantaba de Dios, le componía canciones a Dios, hasta le brincaba a Dios. Cualquier cosa buena que me hubieses pedido que yo hiciese para Dios, yo la hubiera hecho, porque yo “amaba a Dios” …pero no lo conocía.

Solo había oído y leído de Él. Trataba de encajar en el “grupo”, imitando la conducta y estilo de vida de los demás, pero, yo no conocía a Dios.

Hasta ese día que tuve esa terrible experiencia: Cara a cara con Dios: O reconozco mi pecado y vivo, o decido ocultar mi pecado y ahí mismo caigo muerto.

Mentirle a Dios es cosa seria. Tiemblo cuando me acuerdo. Y esto no es solo cosa “del antiguo testamento”, también en el nuevo testamento, hubo gente que murió ahí mismo cuando decidieron ocultar su pecado y mentirle a Dios.

Léela en el capítulo 5 de libro de los hechos, es una historia un poco compleja que muchos van a malinterpretar. En esos días los discípulos andaban tan felices que decidieron vender sus casas y donarlas a la causa de Jesús.

Atención, lee bien, nadie los estaba obligando a hacerlo. La gente decidió hacerlo. No era un mandato de Dios, pero, en fin, una pareja vendió una casa de su propiedad y decidieron traer el fruto de la venta a los apóstoles.

Vinieron con Pedro, líder natural en ese momento, cabeza del avivamiento después del pentecostés, pero antes de traer el dinero, la parejita decidió mentir y decir que lo que traían era el total de la venta y ellos se quedarían con una “feriecita”.

Ni a Pedro ni a Dios, les interesaba el dinero, el problema era la levadura que posteriormente podía afectar toda la masa. El Espíritu Santo decidió dejar muy claro que a Dios nadie le miente.

Pedro le preguntó a Ananías, el esposo (acerca de mentirle a Dios) “¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron.”

Posteriormente vino Safira su esposa y le pasó exactamente lo mismo. No es hora de debatir de, si se fueron con Jesús o a otra parte.

Ahorita solo quiero que recuerdes que mentirle a Dios, es cosa seria y así mismo es ocultar nuestro pecado delante de Él, diciéndole que somos buenas personas y que nunca lo hemos ofendido.

SI tu eres una buena persona que nunca ha ofendido a Dios y nunca ha llorado en agonía por su pecado, te felicito, pero, de todas maneras, prepárate, y te vas a acordar de mí, le voy a pedir a Dios, que El se revele a tu vida, como lo hizo con Isaías, con Job, y con muchos otros.

No, no te conviertes en un ser humano perfecto cuando conoces a Dios cara a cara. Tardaría meses tratando de explicártelo y ahí está el error de muchos hoy en día, que pierden el tiempo tratando de convencer a los demás de sus razones y sus teorías.

No, yo no voy a perder mi tiempo en eso. Yo le pido a Dios que te lo revele y te lo explique el mismo. Yo se que El lo va a hacer con muchos de ustedes que dispongan su corazón.

Solo aquellos que han atravesado por esa experiencia de estar cara a cara delante de Dios, entienden de lo que hablo.

Siento en mi corazón, que se esta acercando la hora en la cual tenemos que tomar muy en serio nuestra relación con Dios.