Nutre Tu Espíritu

Nutrir el espirituActualmente, vivimos tiempos que están afectando nuestras vidas en todos los sentidos. Situaciones que están llevando a niños, jóvenes, adultos y ancianos a sumirse en emociones negativas, ocasionando desenlaces fatales dentro de la sociedad. Al parecer nos hemos olvidado que siempre habrá una luz al final del camino, que si hoy por hoy aún existimos es por la misericordia de Dios.

A diario ocurren suicidios, asesinatos, hurtos y un sin número de acciones violentas en el mundo entero y nos preguntamos qué está pasando, se perdió la comunicación, el amor, los valores y hasta dudamos de la existencia de Dios. Déjame decirte que lo que estamos presenciando no es falta de protección divina, sino el producto de no alimentar nuestro espíritu.

Como humanos nos enfocamos en mantener el cuerpo, hacemos ejercicio, dietas, cirugías y todo a nuestro alcance para tener un físico espléndido, pero lo más importante que debe acompañar nuestra alma y corazón está en buscar ese refrigerio que nos llena de paz y mansedumbre. Te invito a que sigas leyendo y te des la oportunidad de encontrar ese bocadillo celestial que nutre el espíritu.

¡Practica la oración!

Mantener una comunicación activa con el Padre nos protege de caer en impulsos, que pueden llevarnos a desdichas seguras.

Jesús estaba lleno de obediencia por eso nunca cayó en provocaciones humanas, cuando su espíritu estaba acongojado dedicaba horas a hablar con Dios y esto le reconfortaba, pues no solo recibía órdenes, sino que era lleno de gracia divina, la cual le ayudaba a soportar las aflicciones.

Por eso, toma tiempo para llenarte de la bondad de Cristo, medita en su palabra y aplícalas a tu vida, pues sus bendiciones son infinitas para los que le obedecen. Aunque lo malo te alcance no permitas que te haga tambalear, mantente firme y no dejes de buscar a aquel que todo lo puede.

¡Trabaja la bondad!

A veces nos sentimos solos e incomprendidos y a consecuencia de esto, permitimos que nuestros sentimientos se cierren a nuevas esperanzas. Buscamos refugio en cosas vanas como drogas, alcohol, prostitución, entre otros. Sin embargo, podemos realizar acciones, que aviven nuestros corazones.

Por muy simple que parezcan el hecho de ayudar al desvalido, cuidar al enfermo, alimentar al hambriento, abrazar al que esté angustiado, acompañar a la viuda y visitar al que está preso, son tareas que no exigen grandes esfuerzos, pero recogen grandes compensaciones.

Alcanzar las misericordias de Dios es el mejor premio que podemos esperar, pues es lo que llenará nuestro ánimo de satisfacción, “Me gozaré y alegraré en tu misericordia, porque has visto mi aflicción; has conocido mi alma en las angustias” (Salmos 31:7). Deja de vivir en desazones y confía en las promesas de El Salvador, él si cumple.

¡Prepárate!

Cuando nos esforzamos en hacer las cosas bien atraemos cosas positivas, simultáneamente a nuestro alrededor empiezan a suceder cambios notables. Esto no es más que los resultados de haber dispuesto nuestro corazón en ofrenda a Dios, por medio de nuestras buenas actitudes.

Servir al prójimo es entregar nuestro espíritu en ofrenda al Señor, para que él renueve nuestras fuerzas “En tu mano encomiendo mi espíritu; Tú me has redimido, oh Jehová, Dios de verdad”. Así que, si hoy estás haciendo la buena voluntad del altísimo y tus obras hablan por sí solas, prepárate tú recompensa está cerca.

No límites el poder de Dios, ábrele tu corazón y él cumplirá lo que tanto deseas. Enfócate en mantener tu energía, dedícale alabanzas y glorifica el nombre del Hijo del que vive para siempre. Sé cómo Job, que a pesar de todas las calamidades que pasó, su espíritu no vaciló, renegó ni menguo su fe y por su fidelidad recogió a manos llenas de lo que ya había sembrado.

¡Agradece!

Una vez logrado lo que te has propuesto no olvides dar gracias por lo que has recibido, sean favores de otras personas o prosperidad sublime.

Jesús a pesar de todas las congojas que tuvo que pasar, siempre agradeció al padre por lo bueno o malo, pues sabía que su retribución no dependía de piedades humanas. Así que no te desanimes sino que recoges frutos en el lugar donde has sembrado, solo asegúrate de dejar la mejor semilla y el Padre que está en los cielos, se encargará de germinar para ti la mejor cosecha.

Por eso nunca te cierres a buscar, donde menos esperes allí estará el cambio, atrévete a disfrutar de una vida en abundancia, nutre tu espíritu, ora, lee, medita en la palabra, pues es fuente de esperanza y verdad.