El Llamado a la Santificación y Cómo Crecer en Santidad Según la Biblia

El Llamado a la Santificación y Cómo Crecer en Santidad Según la Biblia

La búsqueda de la santidad es un tema central en la Biblia y un llamado constante de Dios a su pueblo. A lo largo de las Escrituras, encontramos innumerables referencias al carácter santo de Dios y a su deseo de que sus hijos vivan vidas santas. Pero ¿qué significa exactamente ser santo y cómo podemos crecer en santificación según la Biblia?

En este nota, exploraremos estas preguntas y reflexionaremos sobre la importancia de responder al llamado divino a la santificación.

¿Qué es santidad?

La santidad, en su sentido más básico, implica separación. Dios es santo en su naturaleza y está completamente apartado de todo pecado y maldad. La santidad es una cualidad intrínseca de Dios, y como sus seguidores, somos llamados a reflejar ese carácter en nuestras propias vidas. En otras palabras, Dios llama a Su pueblo a ser santo como Él es santo (1 Pedro 1:15-16).

En Levítico 19:2, Dios dice: «Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo, Jehová, vuestro Dios». Este versículo nos muestra claramente que la santidad no es una opción, sino una exigencia divina para su pueblo.

La Biblia contiene numerosos versículos que resaltan la importancia de la santidad y la necesidad de que los creyentes la busquen. Por ejemplo, Hebreos 12:14 dice: «Esforzaos por la paz con todos y por la santidad, sin la cual nadie verá al Señor». La santificación no es solo un camino personal, sino también un medio para fomentar la unidad entre el pueblo de Dios.

La santidad no se logra únicamente por nuestro propio esfuerzo

La santificación es una obra continua de Dios en la vida de los creyentes. No es algo que pueda lograrse únicamente a través del esfuerzo humano. Es por esto por lo que el camino hacia la santificación comienza con el nuevo nacimiento. Cuando aceptamos a Jesús como nuestro Salvador personal, somos transformados por el Espíritu Santo y recibimos una nueva naturaleza.

2 Corintios 5:17 nos dice: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas».

Esta obra de regeneración es el fundamento de nuestra vida de santidad, ya que, a partir de ese momento, somos capacitados para vivir una vida que agrada a Dios.

La santificación es un proceso que no termina.

Hablamos de un proceso continuo. Estamos constantemente creciendo espiritualmente para Su gloria, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo(Efesios 4:13).

Asimismo, en Efesios 4:15-16, Pablo nos insta a crecer en Cristo: «Antes bien, siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor». Aquí vemos que el crecimiento en santidad está estrechamente relacionado con el crecimiento en conocimiento y amor hacia Cristo.

Caminos para crecer en santidad según la Biblia

  • La Palabra de Dios juega un papel fundamental en nuestro crecimiento espiritual y en la santificación. En 2 Timoteo 3:16-17, se nos dice que «toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra».

La Biblia nos revela la voluntad de Dios, nos muestra cómo vivir una vida santa y nos corrige cuando nos desviamos del camino correcto. Es a través del estudio y la meditación en la Palabra que somos renovados en nuestro entendimiento y capacitados para vivir vidas que honran a Dios.

  • La oración también es vital en nuestro crecimiento en santificación. Jesús nos enseñó a orar al Padre Nuestro: «Santificado sea tu nombre» (Mateo 6:9). La oración nos acerca a Dios, nos ayuda a alinear nuestra voluntad con la suya y nos capacita para resistir las tentaciones y vencer el pecado en nuestras vidas. Es a través de la comunión con Dios en la oración que recibimos la fuerza y la dirección necesarias para vivir una vida de santidad.
  • Otra forma de crecer en santidad, como se describe en la Biblia, es mediante el estudio y la aplicación de la Palabra de Dios. La Biblia es la principal fuente de guía espiritual y sabiduría para los creyentes. Revela el carácter de Dios, Su voluntad para nuestras vidas y proporciona instrucciones sobre cómo vivir una vida santa y justa.

Al estudiar y meditar regularmente en las Escrituras, obtenemos una comprensión más profunda de la verdad de Dios y Sus deseos para nosotros. Santiago 1:22 nos recuerda que debemos ser hacedores de la Palabra, no solo oidores. Por lo tanto, no basta simplemente con leer o escuchar la Palabra, sino que debemos aplicar sus enseñanzas a nuestra vida, permitiéndole moldear nuestros pensamientos, acciones y actitudes.

Otras formas de crecimiento espiritual

  • Además del estudio de la Palabra y la oración, el crecimiento en santificación también implica la obediencia activa a los mandamientos de Dios. En Juan 14:15, Jesús dice: «Si me amáis, guardad mis mandamientos».

La obediencia a Dios es una expresión de nuestro amor por Él y demuestra nuestra disposición de someternos a su autoridad. Al renunciar al pecado y vivir según los preceptos divinos, estamos creciendo en nuestra conformidad a la imagen de Cristo y en nuestra santificación.

Como ya hemos dicho anteriormente, la santificación no es un logro humano, sino una obra de Dios en nosotros.

Filipenses 2:13 nos dice: «porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad».

Dios nos da la gracia y el poder para crecer en santidad y nos acompaña en todo el proceso. Nuestra parte consiste en responder a su llamado, buscarle de todo corazón y comprometernos a seguir sus caminos.

  • Practicar la abnegación y la disciplina es otro principio bíblico para crecer en santidad. Jesús mismo enseñó la importancia de negarse a sí mismo y tomar la cruz cada día (Lc 9,23). Esto implica rendir nuestros propios deseos y someternos a la voluntad de Dios. Puede requerir sacrificar nuestra propia comodidad, preferencias o incluso placeres mundanos por el bien de seguir a Cristo.

La autodisciplina es necesaria para resistir la tentación y vencer los hábitos pecaminosos. El apóstol Pablo compara la vida cristiana con la de un atleta que ejerce dominio propio para obtener un premio (1 Corintios 9:24-27). Al practicar la abnegación y la disciplina, cultivamos un espíritu de obediencia y crecemos en santidad, alineando nuestras vidas con las normas de Dios.

Superar los desafíos en el camino de la santificación

En el camino de la santificación, uno de los desafíos clave es lidiar con las tentaciones y los deseos pecaminosos. La Biblia reconoce la realidad de estas luchas y brinda orientación sobre cómo superarlas. La victoria sobre el pecado implica reconocer y resistir los deseos pecaminosos cuando surgen.

La voluntad de Dios para los creyentes es que se santifiquen y se aparten de la inmoralidad sexual, aprendiendo a controlar sus cuerpos de manera santa. Esto requiere una confianza constante en el poder del Espíritu Santo y un compromiso de alinear las acciones de uno con la Palabra de Dios. Al buscar la ayuda de Dios y resistir activamente la tentación, las personas pueden crecer en santidad y superar los desafíos que vienen con los deseos pecaminosos.

Fomentar siempre el compromiso, la responsabilidad y comunidad

Este es otro aspecto importante del crecimiento en santidad. La Biblia enfatiza la importancia del compañerismo y el apoyo mutuo entre los creyentes. Al rodearse de personas de ideas afines que también buscan la santidad, las personas pueden encontrar aliento, responsabilidad y orientación en su camino. Los socios responsables pueden ayudar a identificar áreas de debilidad, ofrecer apoyo y oración, y brindar un espacio seguro para la confesión y el crecimiento. Además, participar en una comunidad de fe permite que las personas aprendan de las experiencias y la sabiduría de los demás, fomentando un sentido de unidad y propósito compartido en la búsqueda de la santidad.

Abrazar la gracia y el perdón de Dios es crucial en el camino de la santificación

En vista de que la Biblia enseña que la santidad no es algo que se pueda lograr solo mediante el esfuerzo humano. Es una obra de la gracia de Dios en la vida de los creyentes. Nadie está libre de pecado, pero a través de la fe en Jesucristo, los creyentes son lavados, santificados y justificados.

Es a través del poder del Espíritu Santo y la obra transformadora de la gracia de Dios que las personas pueden crecer en santidad. Sin embargo, es difícil para muchos aceptar el perdón de Dios. Este es importante, pues les permite a las personas dejar de lado la culpa y la vergüenza, lo que les deja avanzar en su búsqueda de la santidad con un renovado sentido de propósito y libertad.

Al reconocer su dependencia de la gracia de Dios y buscar Su perdón, las personas pueden experimentar un verdadero crecimiento en santidad de acuerdo con las enseñanzas de la Biblia.

En resumen

El llamado a la santificación es un mensaje claro de Dios en la Biblia. Ser santos implica ser separados para Dios, reflejar su carácter en nuestras vidas y vivir en obediencia a sus mandamientos. La santificación es un proceso continuo de crecimiento espiritual que involucra el estudio de la Palabra, la oración, la obediencia y la dependencia de la gracia y el poder de Dios. A medida que buscamos crecer en santidad, somos transformados a la imagen de Cristo y nos acercamos cada vez más a la plenitud de vida que Dios tiene para nosotros.

Las tentaciones y los deseos pecaminosos pueden obstaculizar el progreso, pero en última instancia, abrazar la gracia y el perdón de Dios es esencial en la búsqueda de la santidad. Al buscar continuamente crecer en santidad y confiar en la fuerza de Dios, los creyentes pueden experimentar una relación más profunda con Él y vivir su fe de una manera que glorifica a Dios.

Que este llamado a la santificación resuene en nuestros corazones y nos inspire a vivir vidas que honren a Dios en todo lo que hacemos. Busquemos crecer en conocimiento y amor hacia Cristo, confiando en la guía del Espíritu Santo y sometiéndonos a la autoridad de la Palabra de Dios. Que nuestro deseo de ser santos sea un reflejo de nuestro amor por el Dios santo que nos llamó a esta maravillosa vocación.

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