¡El precio del Éxito!

Como seres humanos tenemos metas y sueños, luchamos con un sin número de obstáculos para lograr nuestros objetivos. Sin embargo, durante nuestro recorrido siempre nos vamos a encontrar con situaciones que nos obligarán a tomar decisiones donde creemos estar perdiendo algo y es allí donde diremos: “quiero hacerlo, pero cuál será el precio de mi éxito”.

Muchas son las personas que han alcanzado lo que se han propuesto, algunos perdieron familiares, amigos, trabajo, casa, carro, entre otras cosas, y pensamos si fracasaron cómo es que son exitosas, ¿acaso tienen poderes? Lo más seguro es que no, pero puede que su secreto esté en no dejar menguar la fe…

“Es pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).

Así como lo lees, la fe es lo que mueve el mundo, por fe creemos en Dios, en el amor, la amistad y un sinfín de cosas a las que nos aferramos cuando perseguimos nuestros sueños.

¡Si tienes Fe, crees en Dios!

Hay quienes manifiestan no creer en Dios y dicen: “lo logré porque tuve fe y si la fe es dada por Dios entonces le creemos”. “En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan” (Hebreos 11:6).

Entonces por qué habríamos de dudar, “Una fe: he aquí lo más necesario al hombre. Desgraciado el que no cree en nada” (Víctor Hugo).

La vida es un acto de fe, si te graduaste, te casaste, conseguiste empleo o recibiste sanidad es porque tuviste fe luchaste y, Dios, en su misericordia, te lo ha otorgado.

¡Exitosos pero Procesados!

En ocasiones, cuando estamos frente a personas de fe, que irradian seguridad, bienestar y confianza. Acostumbramos a pensar en lo felices que han de ser, jamás se nos pasa por la mente que algún momento de sus vidas hayan pasado por fracasos que los hicieron flaquear, cuando en realidad han puesto su fe en Dios y reconocen que, cuando se caen, Él los levanta.

Cuando estamos decididos a lograr nuestras metas debemos estar preparados para muchas pruebas, las cuales nos harán sentir inseguridad, miedo y dolor. Sin embargo, no debemos permitir que las emociones negativas nos desvíen del objetivo, hasta los más grandes de la historia fueron procesados, y, aun así, vencieron en Cristo.

Recuerda lo inseguro que estaba Moisés de poder sacar a Israel de Egipto, pero su fe se mantuvo y hallo la gracia de Dios, “Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? Y él le respondió: Ve, porque yo estaré contigo; esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte” (Éxodo 3:11 y 12).

Como podemos ver Moisés recibió una orden que prometía saldría airoso de lo que se le había encomendado y aun así dudó, por eso si hoy te has fijado una meta lucha por alcanzarla, es válido tener miedos y dudas, pero no dejes que los pensamientos negativos te quiten las ganas perseguir tus sueños.

¡Prohibido perder la fe, si quieres alcanzar el éxito!

Aprende a luchar por tus objetivos, para llegar a la meta no necesariamente debes recurrir a la injusticia ni atropellar a los demás. Es una mentira eso de: “El fin justifica los hechos”.

 “No confiéis en quien haya perdido la fe” (William Shakespeare), por el contrario, ayuda al que lo necesite mientras transitas tu camino, asegúrate de transmitir confianza, seguridad y respeto para que cuando hayas alcanzado el éxito no estés solo.

Si en estos momentos estás pasando por situaciones difíciles que han querido hacerte tirar la toalla, vuelve a confiar en el plan que Dios te ha trazado e imagina cómo te sentirías si llega a ser realidad. Nadie ha dicho que ponerlo en marcha sea fácil, pues nada en la vida es fácil, solo pon tu confianza en Dios y él hará.

Y cuando hayas llegado a dónde quieres estar agradece por todo lo que se te ha concedido, no permitas que la vanidad te convierta en una persona engreída y corras el riesgo de que tus oraciones pierdan ese olor fragante para Dios.

“He aquí el orgulloso: en él, su alma no es recta, más el justo por su fe vivirá” (Habacuc 2:4). Recuerda si hay recompensa hay proceso, solo no pierdas tu norte, aférrate a tu fe con ella tu éxito no tendrá precio.