No Hagas lo que no Quieres que te Hagan a ti

 ,No Hagas lo que no Quieres que te Hagan a ti

 

Alguna vez has escuchado la frase: “Lo que en la tierra se hace, en la tierra se paga”. Muchas personas creen que el daño que alguien causa algún día se le cobrará, pero tal vez en un tiempo lejano cuando llegue el juicio de Dios y probablemente para ese momento habrá podido presentar arrepentimiento delante de él. Por lo cual, podrá estar seguro de haber ganado el cielo.

“Y así como queréis que los hombres os hagan, haced con ellos de la misma manera” (Lucas 6:31).

Actualmente, vivimos en un mundo donde la sensibilidad se ha perdido, ya nadie se preocupa por el prójimo ni por los animales ni por la naturaleza. Siendo estos dos últimos los más afectados, ya que, aunque tienen su forma de expresar aquello que les está afectando, la humanidad hace caso omiso a sus llamados de auxilio.

Ahora estamos unos contra otros

Pero qué podemos esperar de una sociedad donde padres violan a sus hijos, hijos matan a sus padres; amigos, traicionan; esposos, engañan; hermanos, blasfeman; vecinos, roban; desconocidos, estafan y el entorno mira, escucha y se ríe de todo lo que ocurre. Sin embargo, cuando es a ti a quien le pasa, la cosa es diferente. No hagas lo que no quieres que te hagan.

Dios juzga todas estas cosas, nada de lo que pasa en nuestro planeta es por casualidad. Los seres humanos hemos errado y no lo hemos querido aceptar, preferimos vivir en corrupción que en integridad.

Haz bien sin mirar a quién

Hacer el bien sin mirar qué o a quién es muestra de humildad y honradez, aunque lógicamente la raza humana esté en primer lugar en la tierra, no olvidemos que el planeta también depende de otros seres vivos, y que, gracias a ellos, nosotros también subsistimos.

La integridad, desde el punto de vista bíblico, es la virtud que adquiere el ser humano para hablar con la verdad y tomar actitudes justas. Una virtud donde el único fin será que estas sean aprobadas por Dios.

“No hagas lo que no quieres que te hagan a ti”

Aunque Dios es amor, también es Padre de justicia. Aunque sea tardó para la ira está atento para socorrer al necesitado y desvalido. Hoy en día a todos nos urge Dios: el que tiene hambre, el que cayó en quiebra, el enfermo, el que perdió un ser querido, el que fracaso; los peces que están en medio de la contaminación; los animales de la selva que no aguantan la deforestación y la atmosfera en general que ya no aguanta tanto mal.

No solo la humanidad es digna de justicia, por eso cuando la basura es lanzada al mar sus aguas proliferan enfermedades. También el calentamiento global, huracanes, inundaciones o terremotos son producto de la maldad humana.

Dios está en todo, sin embargo, nos ha dado la libertad de que hagamos lo que nuestra capacidad nos ha permitido hacer, y, aunque hemos llegado lejos, estamos usando nuestra astucia para tratar de opacar a quien en realidad se mantuvo integró hasta el final.

En resumen

Jesús no pensó en él mientras estuvo en la tierra, solo pensaba en hacer la voluntad de su Padre, darnos vida eterna. Tengamos presente que, aunque somos imagen y semejanza de Dios todas las cosas fueron creadas por él, por eso procuremos empatizar no solo con los demás para que cuando Dios decida volver a la tierra estemos preparados para recibirlo.

Vivimos en un mundo donde se ha perdido la sensibilidad, ya nadie se preocupa por los demás ni por los animales ni por la naturaleza. Dios juzga todas estas cosas, nada de lo que sucede en nuestro planeta es casualidad. Los seres humanos hemos cometido errores y no hemos querido aceptarlo, preferimos vivir en la corrupción que en la integridad. Aunque Dios es amor, también es el Padre de justicia.

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