Una Vida Edificante

Una vida edificante

El amor cura las heridas del alma y libera nuestra personalidad. Generalmente, las historias de cuentos de hadas y novelas nos muestran contenidos donde la mayoría de sus protagonistas son seres reprimidos e infelices, ya sea porque no pueden alcanzar aquello que tanto anhelan, o bien sea un amor, un sueño o una meta inalcanzable. Entonces, su lucha se enfoca en vivir sin prohibiciones con tal de ser felices.

En la vida siempre andamos batallando con algo, sobre todo, con aquellos estereotipos que han querido imponernos para tratar de diferenciarnos y hacernos a unos más valederos que otros. Por ejemplo, decir “Llorar no es de hombres” o “La cocina es para las mujeres”.

Encuentra un propósito para que sea tu vida edificante

Tal vez te estés preguntando cómo llenar tu vida de significado o darle más propósito. Muchas personas encuentran sentido a la vida cuando encuentran una causa, una motivación o una vocación: difundir lo que saben, ayudar a los demás, cumplir una misión… Establecer metas alcanzables personales da más sentido a nuestra vida, y, por tanto, mucha más felicidad.

Es probable que estés envuelto en una de estas causas en este momento. Al vivir la vida en sus propios términos, puede incluso alcanzar un nivel de felicidad y paz. Pero, ¿alguna vez te has preguntado por qué ese sentimiento es tan fugaz, por qué en los momentos de soledad y paz te llena de inquietud, insatisfacción e infelicidad? Seguramente tiene que haber una manera de mantener esta paz.

Amor sin límites

Actualmente, el mundo se ha modernizado tanto que hay tareas y oficios donde ya no importa el género. Pero si hablamos de amor y sentimientos aún existen ciertos prejuicios. Es por esto que vemos hombres machistas o mujeres feministas. Pero, una mujer que expresa sus emociones es “tierna” pero un hombre que habla bonito es “cursi”.

La mansedumbre es una cualidad que no todos llegamos a desarrollar, de hecho, el único ser humano que llegó a ser manso fue Jesús por el hecho de que amó sin límites. Por lo cual, nosotros también podemos amar, porque Él nos amó primero (1 Juan 4:19).

Seamos hombre o mujer no debemos sentir pena de expresar lo que sentimos cuando el mundo entero está carente de amor.

Camina en espíritu y verdad

El no demostrar los sentimientos ha deformado la sociedad, razón por la cual existe tanta maldad en la tierra. Pero si tuviéramos el carácter del Maestro, camináramos en espíritu y verdad y nuestro amor sería sin hipocresía; aborreciendo lo malo, aplicándoos a lo bueno (Romanos 12:9).

No olvides invocar al Señor en tu círculo familiar, entrégate a Dios. Entrégate cada día de tu vida. Esforzaos por hacer lo correcto, cultivad un espíritu de solidaridad y amor, y la paz y las bendiciones del Dios vivo estarán con nosotros, y nos guiará por el camino de la vida, y tendremos todo el aliento y apoyo que necesitamos para enfrentar lo que venga.

Asimismo, servir, no solo nos ayuda a encontrarnos a nosotros mismos porque reconocemos la guía divina en nuestras vidas, sino que cuanto más servimos a nuestro prójimo como Cristo nos lo ha enseñado, más nobles se vuelven nuestras almas. Al servir a los demás, nos volvemos mejores y más valiosos como seres humanos.

Amar y ser amado ayuda a crecer y desarrollarse

Si no podemos examinarnos a nosotros mismos y ser capaces de ver qué estamos haciendo mal, debemos pedirle a Dios que nos examine.

Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿No os conocéis a vosotros mismos, si Jesús, el Cristo, está en vosotros? Si ya no sois reprobados (2 Corintios 13:5).

Es decir, empezar por nosotros mismos partiendo en aceptar que tenemos defectos, una vez que reconocemos esto, lo siguiente es querer y aceptar que el Todopoderoso nos transforme, nos guíe y nos ayude a mostrar su amor correctamente sin distinción, como Él lo hace, sin acepción de personas.

“Lo que es deseable en un hombre es su bondad, y es mejor ser pobre que mentiroso” (Proverbios 19:22). Muchas veces nos volvemos hipócritas y queriendo complacer a los demás nos sumimos en las más grandes mentiras que luego se convierten en verdadero infierno.

Con esto no digo que nos dejemos llevar por las pasiones, pero sí que nos dediquemos a vivir vidas edificantes. “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica” (1 Corintios 10:23).